
Hay lugares a los que uno viaja para descubrirlos y otros a los que siempre apetece volver. Capileira pertenece, sin duda, al segundo grupo.
Nuestra historia con este rincón de La Alpujarra granadina comenzó hace muchos años, cuando nuestros hijos eran pequeños. Durante mucho tiempo, era uno de esos destinos a los que escapábamos varios fines de semana al mes para desconectar de la rutina y pasar un día rodeados de naturaleza. No buscábamos grandes planes, simplemente disfrutar del aire puro, del silencio de la montaña y de un entorno que nunca deja de sorprender.
Uno de nuestros lugares favoritos era el merendero que se encuentra a la salida del pueblo, en dirección a la carretera que sube hacia Sierra Nevada. Allí pasamos infinidad de días en familia, compartiendo una comida al aire libre mientras los niños jugaban rodeados de castaños y del sonido del agua. Son recuerdos que siguen muy presentes y que hacen que cada vez que volvemos a Capileira sintamos que regresamos a un lugar muy especial.
Con los años hemos recorrido la comarca en muchas ocasiones y podemos decir que conocemos Capileira y buena parte de La Alpujarra como la palma de nuestra mano. Aun así, este pueblo conserva esa capacidad de sorprendernos cada vez que regresamos. Sus calles empedradas, las casas blancas con sus tradicionales tinaos, las acequias que recorren el casco urbano y las impresionantes vistas del Barranco de Poqueira hacen que siempre merezca la pena volver.
Llegar a Capileira es mucho más que completar un trayecto por carretera. A medida que nos adentramos en La Alpujarra granadina, el paisaje cambia por completo y las montañas comienzan a marcar el camino hacia uno de los pueblos más bonitos de Granada.
En nuestro caso salimos desde la Costa Tropical. Tomamos la A-44 en dirección a Granada y enlazamos con la A-348 hacia Órgiva. Al llegar al municipio es necesario atravesar su núcleo urbano y seguir las indicaciones hacia Pampaneira. A partir de ahí comienza uno de los recorridos más bonitos de la comarca, con una carretera de montaña que atraviesa el Barranco de Poqueira y regala unas vistas espectaculares durante todo el camino.
Después de pasar Pampaneira solo hay que continuar unos minutos más hasta encontrar el desvío señalizado hacia Bubión y Capileira. Desde ese punto apenas quedan unos kilómetros para llegar al pueblo.
Si viajáis desde Granada capital, el recorrido es diferente. Tendréis que tomar la A-44 en dirección a Motril y salir por el desvío de Lanjarón y Las Alpujarras. Continuando por la A-348, antes de llegar a Órgiva encontraréis una rotonda donde deberéis seguir las indicaciones hacia Pampaneira, sin necesidad de atravesar el pueblo.
En esta guía queremos enseñarte todo lo que puedes ver en Capileira, compartir nuestros rincones favoritos y darte consejos basados en muchos años visitando este precioso pueblo de La Alpujarra. Esperamos que disfrutes de la visita tanto como nosotros lo hemos hecho durante todo este tiempo
Qué ver en Capileira
Capileira es uno de esos pueblos que se disfrutan sin mirar el reloj. Nuestro consejo es que dejéis el coche aparcado y os perdáis por sus calles empedradas, porque gran parte de su encanto está precisamente en descubrir sus rincones sin un itinerario fijo.
Situado a más de 1.400 metros de altitud, Capileira es el pueblo más alto del Barranco de Poqueira y uno de los más bonitos de La Alpujarra granadina. Pasear por sus calles es encontrarse con la arquitectura tradicional alpujarreña en estado puro: casas encaladas, chimeneas de sombrerillo, tinaos que unen unas viviendas con otras y acequias que todavía recorren el pueblo llevando el agua de Sierra Nevada.
Aunque hoy recibe miles de visitantes cada año, Capileira conserva ese ambiente tranquilo que siempre nos ha gustado. Basta alejarse unos metros de las calles más concurridas para descubrir pequeños rincones donde el silencio solo se rompe por el sonido del agua y el canto de los pájaros.
A continuación os enseñamos los lugares que, para nosotros, no pueden faltar en una visita a Capileira.
Perderse por las calles de Capileira
Una vez dejamos el coche en el aparcamiento público junto a las pistas deportivas municipales, comenzamos nuestro recorrido por el centro histórico de Capileira. Aunque el pueblo cuenta con varios lugares imprescindibles que visitar, creemos que su mayor atractivo no es un monumento en concreto, sino el encanto que desprenden sus calles.
Capileira es uno de esos lugares en los que merece la pena caminar sin un itinerario marcado. Cada calle invita a seguir descubriendo nuevos rincones, donde las casas blancas, las fachadas adornadas con macetas de flores y las tradicionales chimeneas alpujarreñas nos recuerdan que estamos en uno de los pueblos con más personalidad de Granada.
Mientras paseábamos, el sonido del agua corriendo por las acequias nos acompañó durante buena parte del recorrido. Estas acequias, que llevan siglos distribuyendo el agua procedente de Sierra Nevada, forman parte de la identidad del pueblo y aportan una agradable sensación de frescor, especialmente durante los meses de verano.
Otro de los elementos que más llaman la atención son los tinaos, unas estructuras tradicionales que unen unas casas con otras y crean pequeños pasadizos cubiertos llenos de encanto. Junto a ellos aparecen puertas de madera, balcones repletos de geranios y estrechas callejuelas empedradas que parecen detenidas en el tiempo.
Nuestro consejo es que no tengáis prisa. Levantad la vista, fijaos en los pequeños detalles y asomaos a cada rincón que encontréis. En Capileira, muchas veces los lugares más bonitos no aparecen en los mapas, sino que se descubren caminando.
Después de recorrer sus calles llegamos hasta uno de los edificios más representativos del pueblo: la Iglesia de Nuestra Señora de la Cabeza, una visita imprescindible que nos esperaba a pocos pasos de allí.

Iglesia de Nuestra Señora de la Cabeza
Continuando nuestro paseo por las calles de Capileira llegamos hasta la Iglesia de Nuestra Señora de la Cabeza, el principal templo religioso del pueblo y uno de los lugares que no pueden faltar en cualquier visita.
Construida en el siglo XVI sobre el solar de una antigua mezquita, esta iglesia es un claro ejemplo de la arquitectura mudéjar que caracteriza a muchos pueblos de La Alpujarra. Su exterior destaca por la sobriedad de sus líneas y por la torre, que se ha convertido en uno de los símbolos de Capileira.
En su interior destaca el bonito techo de madera de estilo mudéjar, una de las partes más llamativas de la iglesia y un buen ejemplo de la arquitectura tradicional de la época y la imagen de la Virgen de la Cabeza, patrona de la localidad.
La iglesia ocupa una posición privilegiada dentro del casco histórico y, desde sus alrededores, también se disfrutan de bonitas vistas de las calles tradicionales de Capileira y del paisaje montañoso que rodea el pueblo.
Nosotros aprovechamos para detenernos unos minutos en esta zona antes de continuar nuestro recorrido. Es uno de esos rincones donde se respira la tranquilidad que caracteriza a Capileira y donde resulta fácil imaginar cómo ha transcurrido la vida en este pueblo durante siglos.
Desde aquí seguimos caminando hacia uno de nuestros lugares favoritos del pueblo, un mirador desde el que se obtiene una de las panorámicas más bonitas del Barranco de Poqueira.
Los miradores de Capileira
Si hay un lugar donde merece la pena detenerse durante la visita, es en cualquiera de los miradores de Capileira. Desde ellos se comprende por qué este pueblo ocupa un lugar privilegiado en el Barranco de Poqueira y por qué enamora a todo el que lo visita.
Nuestra primera parada fue el Mirador del Perchel, uno de los más conocidos de la localidad. Desde aquí disfrutamos de unas preciosas vistas del Barranco de Poqueira, con Bubión y Pampaneira escalonados en la ladera y las cumbres de Sierra Nevada dominando el horizonte. Es uno de esos lugares donde apetece quedarse unos minutos simplemente contemplando el paisaje.
Otro de los rincones que no os podéis perder es el Mirador de las Eras de Aldeire. Además de ofrecer una panorámica espectacular de las montañas y del valle, este lugar guarda una curiosa historia. Antiguamente estas eras se utilizaban para trillar los cereales, separando el grano de la paja después de la cosecha. Con el paso del tiempo este espacio se ha recuperado como mirador, permitiendo disfrutar de una de las mejores vistas de toda La Alpujarra.
Nosotros tuvimos la suerte de visitarlo en un día despejado y las vistas eran sencillamente espectaculares. Desde aquí se aprecia perfectamente la inmensidad del Barranco de Poqueira, las cumbres de Sierra Nevada y los pueblos blancos que salpican la ladera de la montaña. Es uno de esos lugares donde resulta fácil entender por qué Capileira está considerado uno de los pueblos más bonitos de Granada.
Nuestro consejo es que dediquéis unos minutos a disfrutar del paisaje sin prisas. A veces basta con sentarse en un banco y contemplar el silencio de la montaña para llevarse uno de los mejores recuerdos de la visita.
Después de disfrutar durante unos minutos de estas impresionantes vistas, continuamos nuestro paseo por las calles de Capileira. Aún nos quedaban algunos rincones por descubrir y uno de ellos nos iba a transportar a la historia y las tradiciones de La Alpujarra.
Fuente Churriana
Uno de los puntos por los que pasamos durante nuestro recorrido fue la Fuente Churriana, un pequeño rincón que mantiene el encanto de la arquitectura tradicional alpujarreña.
Se trata de una fuente sencilla, integrada en el propio entorno del pueblo, donde el agua sigue siendo protagonista. Como ocurre en muchos rincones de Capileira, aquí el sonido del agua corriendo aporta una sensación de tranquilidad que invita a detenerse unos instantes.
No es uno de los lugares más conocidos del pueblo, pero precisamente por eso conserva ese ambiente auténtico que tanto nos gusta de La Alpujarra. Es uno de esos puntos que aparecen casi sin buscarlos mientras se recorre el casco histórico, y que ayudan a entender la importancia del agua en la vida tradicional de estos pueblos de montaña.
Después de esta pequeña parada, continuamos nuestro paseo de vuelta hacia las calles más céntricas de Capileira, disfrutando de cada rincón que aún nos quedaba por descubrir.
Los lavaderos de Capileira
Siguiendo el recorrido llegamos hasta los lavaderos tradicionales, uno de esos lugares que nos recuerdan cómo era la vida en los pueblos de montaña hace no tanto tiempo.
Se trata de un espacio donde antiguamente los vecinos acudían a lavar la ropa, aprovechando el agua que baja de Sierra Nevada. Hoy en día, aunque ya no se utilizan con ese fin, se conservan como parte del patrimonio etnográfico del pueblo.
Estar allí permite imaginar fácilmente esas escenas cotidianas del pasado, cuando los lavaderos eran un punto de encuentro y conversación para los habitantes de Capileira.
Es uno de esos rincones que quizá no llamen tanto la atención como los miradores o las calles principales, pero que aportan mucho a la historia y a la esencia del pueblo.
Después de esta visita, seguimos nuestro recorrido por el casco histórico, cada vez más cerca de algunos de los rincones que más nos gustan de Capileira.
Plaza del Calvario
Después de recorrer los lavaderos, llegamos a la Plaza del Calvario, uno de los puntos más vivos de Capileira.
Aunque durante la mañana puede parecer una plaza tranquila, es a partir del mediodía cuando empieza a cobrar vida. Sobre las horas de comida (aproximadamente desde las 12:30 o 13:00), los restaurantes comienzan a abrir y la plaza se convierte en uno de los lugares más habituales para sentarse a comer después de una ruta o de un paseo por el pueblo.
Aquí se encuentran varios bares y restaurantes con terrazas donde es fácil ver tanto visitantes como vecinos disfrutando del ambiente. Es una buena opción para comer en Capileira sin alejarse del centro histórico y con un entorno muy agradable.
Por la tarde y la noche, la plaza gana aún más ambiente, convirtiéndose en uno de los principales puntos de encuentro para el tapeo y las cenas, especialmente en los meses de buen tiempo.
Es, sin duda, una de esas zonas que muestran las dos caras de Capileira: la tranquilidad de la mañana y la vida social del mediodía y la noche.
El Área Recreativa de Capileira
A la salida del pueblo, en dirección a la carretera que asciende hacia la Hoya del Portillo, se encuentra el Área Recreativa de Capileira, un lugar que para nosotros siempre ha tenido un significado muy especial.
No es simplemente un espacio con mesas y bancos de piedra. Es un rincón rodeado de naturaleza, con árboles que ofrecen sombra y un entorno tranquilo donde el sonido del agua, procedente de la acequia o de los pequeños cursos que bajan de la montaña, acompaña siempre la estancia.
Durante muchos años fue uno de nuestros lugares habituales cuando veníamos a Capileira con la familia. Era el sitio al que acudíamos una y otra vez para sentarnos, comer algo y dejar que los niños jugaran en plena naturaleza, con la sensación de estar completamente desconectados de todo.
Las mesas y bancos de piedra están repartidos bajo los árboles, creando un ambiente muy agradable, sobre todo en los meses de calor, cuando la sombra y la cercanía del agua hacen que este rincón sea especialmente fresco.
No es un lugar turístico en sí mismo ni aparece en muchas guías, pero para nosotros forma parte de la esencia de Capileira. Es de esos sitios que no se visitan “porque toca”, sino porque siempre apetece volver.

Rutas de senderismo desde Capileira
Capileira no es solo un pueblo para pasear con calma, sino también una de las puertas de entrada a las rutas de alta montaña más importantes de Sierra Nevada. Desde aquí parte un territorio inmenso de senderos que conectan el Barranco de Poqueira con las zonas más altas del Parque Nacional.
Una de las rutas más conocidas es la que asciende hacia La Cebadilla, un antiguo poblado ligado a la central hidroeléctrica del Poqueira. Se puede llegar a pie desde Capileira siguiendo una pista de montaña, en una ruta larga pero muy interesante que atraviesa un entorno natural cada vez más salvaje a medida que se gana altura.
Desde La Cebadilla continúan varias opciones de senderismo de alta montaña. Una de las más importantes es la que conduce hacia el Refugio Poqueira, uno de los puntos clave para quienes quieren adentrarse en las rutas del Mulhacén, el pico más alto de la península ibérica. A partir de aquí, el terreno se convierte en alta montaña real, con desniveles exigentes y paisajes abiertos que muestran la cara más espectacular de Sierra Nevada.
Desde esta zona también es posible continuar rutas más largas que enlazan con otros puntos del macizo, incluyendo ascensiones hacia el entorno del Mulhacén o travesías que conectan con el área del Veleta, siempre dentro de itinerarios de montaña ya más exigentes y reservados para senderistas con experiencia.
Otra forma muy habitual de acceder a la parte alta de Sierra Nevada es a través del Servicio de Interpretación de Altas Cumbres (SIAC). Desde el centro de visitantes de Capileira sale un servicio de microbuses que, durante la temporada de verano, asciende hasta el Alto del Chorrillo, a más de 2.500 metros de altitud. Este sistema permite ahorrar gran parte del desnivel y facilita el acceso a rutas que conducen hacia el Mulhacén y las cumbres cercanas.
En todos los casos, ya sea desde La Cebadilla, desde el Refugio Poqueira o utilizando la lanzadera del SIAC, Capileira se convierte en un punto de partida privilegiado para descubrir la alta montaña de Sierra Nevada en estado puro.
Dónde comer y comprar en Capileira
Capileira es también un lugar para disfrutar de la gastronomía y de los productos locales. Más allá de sus calles y miradores, el pueblo cuenta con una oferta muy variada donde se mezcla la cocina tradicional, el producto artesano y pequeñas tiendas que mantienen vivas las costumbres de La Alpujarra.
En cuanto a restaurantes, la oferta es amplia y para todos los gustos. Hay opciones de cocina tradicional alpujarreña, pizzerías, bares de tapas y restaurantes con propuestas más personales. En prácticamente todos ellos hay un plato que no suele faltar: el plato alpujarreño, uno de los grandes clásicos de la zona.
Pero si hay algo que realmente nos gusta de Capileira es su tradición panadera.
Una de las panaderías más conocidas es la Panadería Capileira, reconocida en la zona por la calidad de sus productos y por haber sido premiada en la Ruta del Buen Pan, algo que refleja el cuidado y el nivel de su elaboración. Aquí encontramos una gran variedad de panes y, sobre todo, una repostería muy amplia, con dulces tradicionales que van desde bizcochos y magdalenas hasta otros productos típicos de la zona. Es una de esas panaderías que merece la pena visitar sin prisas.
Muy diferente, pero igual de especial, es el Horno Artesano de Luisa, un obrador que mantiene la esencia del pan de siempre. Aquí el pan se sigue elaborando en horno de leña, con masas sencillas y sin artificios. Sus hogazas son especialmente conocidas, junto con barras de pan y repostería casera como pestiños, soplillos, galletas o bizcochos de almendra. Es un lugar humilde, de los que ya no abundan, donde todo gira en torno a la tradición y al buen hacer.
Además, en el pueblo también encontramos una carnicería tradicional como Casa Rosendo, donde se pueden comprar productos típicos como morcillas, longanizas, salchichones o jamones, muy habituales tanto para quienes se alojan en casas rurales como para quienes quieren llevarse productos locales.
También merece una mención la tienda de chocolates de la Abuela Ili, un pequeño proyecto familiar de chocolates artesanos con obrador en Pampaneira y presencia también en Capileira.
Se trata de una marca muy conocida en La Alpujarra, que elabora sus chocolates de forma artesanal, con recetas propias y una producción cuidada que ha convertido sus productos en uno de los más populares de la zona. Sus tabletas, bombones y especialidades forman ya parte de la identidad gastronómica de estos pueblos.
Es una parada habitual para quienes visitan Capileira, aunque conviene tener en cuenta que en algunas épocas del año puede permanecer cerrada, especialmente durante el verano o según la temporada.
Paseando por Capileira también es fácil encontrar pequeñas tiendas de artesanía, donde se venden jarapas, objetos de mimbre, esparto y otros productos típicos de La Alpujarra, que forman parte de la identidad del pueblo.
En definitiva, Capileira es un lugar donde se come bien, se compra producto local y se mantiene muy viva la tradición. Un pueblo en el que cada rincón también se saborea.
Dónde dormir en Capileira
Capileira cuenta con una oferta de alojamiento muy variada, desde hoteles y hostales hasta casas rurales, apartamentos y antiguos cortijos rehabilitados. Es un destino donde es fácil encontrar el tipo de estancia que mejor se adapta a cada viajero, siempre rodeado del entorno natural de La Alpujarra.
A nosotros, personalmente, nos gusta especialmente alojarnos en casas rurales. Creemos que encajan mejor con la esencia del pueblo y permiten vivir la experiencia de Capileira de una forma más tranquila y cercana, especialmente en estancias en familia.
En este tipo de alojamientos es muy habitual encontrar las tradicionales casas con chimenea, muy típicas de la zona, que aportan ese ambiente acogedor tan característico de las noches en la Alpujarra. Son alojamientos sencillos, pero con mucho encanto, especialmente cuando se busca desconectar y disfrutar del ritmo tranquilo del pueblo.
Dentro de la oferta de Capileira, el Hotel Finca Los Llanos merece una mención especial. Aunque es un hotel, para nosotros es un alojamiento muy recomendable dentro del entorno. Está situado en una zona algo más retirada del bullicio del centro, lo que lo convierte en un lugar perfecto para desconectar, con un ambiente muy tranquilo y rodeado de naturaleza.
Dispone de instalaciones muy completas, como piscina al aire libre, restaurante, wifi y diferentes servicios que hacen la estancia muy cómoda. Es una opción ideal para quienes buscan un equilibrio entre naturaleza y comodidad sin alejarse del pueblo.
En definitiva, Capileira ofrece muchas opciones de alojamiento, pero lo importante es que cada estancia aquí tiene algo en común: despertar en plena montaña, con el sonido del pueblo y la naturaleza muy cerca, y con la sensación de estar en uno de los rincones más especiales de La Alpujarra.
Dónde aparcar en Capileira
Aparcar en Capileira es relativamente sencillo, aunque en temporada alta o fines de semana puede llenarse con facilidad. El pueblo cuenta con varios aparcamientos públicos repartidos en diferentes zonas, todos ellos a pocos minutos a pie del centro.
Nada más llegar al pueblo, a mano izquierda, encontramos dos opciones muy cómodas. La primera es el aparcamiento situado junto a las pistas deportivas municipales, que en la práctica funciona también como zona de aparcamiento. Justo por encima de este hay otro parking público, que suele ser el primero que se encuentra al entrar en Capileira.
Siguiendo un poco más hacia el centro del pueblo, pasado el edificio de la carnicería, también a mano izquierda, aparece otra zona de aparcamiento público bastante utilizada por los visitantes.
Y si continuamos subiendo por la carretera principal, encontramos todavía otro aparcamiento más en la zona alta del núcleo urbano, lo que permite repartir bastante bien los vehículos por todo el pueblo.
En general, todos estos puntos están bien señalizados y conectados entre sí, por lo que si uno está completo, es fácil encontrar sitio en otro sin tener que dar demasiadas vueltas.
Nuestro consejo es llegar con calma, elegir el primer aparcamiento que esté libre y olvidarse del coche hasta el final de la visita. Capileira es un pueblo para recorrer a pie, y precisamente eso es lo que hace que la experiencia merezca la pena.

Despedida de Capileira
Después de recorrer sus calles, detenernos en sus miradores, recordar tantos momentos en su área recreativa y disfrutar de su gastronomía y su ambiente, solo podemos decir que Capileira sigue siendo, para nosotros, uno de esos lugares a los que siempre apetece volver.
Es un pueblo que combina a la perfección la vida tranquila de La Alpujarra con la cercanía de la montaña más pura. Un lugar donde cada paseo se convierte en un descubrimiento y donde los recuerdos personales terminan teniendo tanto peso como los propios rincones que se visitan.
En nuestro caso, cada visita nos ha traído algo diferente, pero siempre con la misma sensación al marcharnos: la de haber estado en un sitio especial.
Capileira no es solo un destino para ver, sino un lugar para vivirlo sin prisas, dejándose llevar por su ritmo y por su entorno.
Y como nos ha ocurrido tantas veces, sabemos que no será la última vez que volvamos.
Nos vemos en los senderos!!!

Que ver en Pampaneira: calles blancas, agua y esencia de la Alpujarra
