
Un tanto apartado y todavía algo desconocido, volvemos a visitar este rincón de la Alpujarra granadina. Y es que, como bien reza el cartel que encontramos en el desvío de la carretera de la Alpujarra, estamos ante un auténtico paraíso escondido.
Cáñar es uno de esos pequeños rincones alpujarreños que conservan la esencia que buscamos cuando nos acercamos a los pueblos de esta sierra: tranquilidad, belleza y naturaleza. Lugares donde parece que el tiempo transcurre a otro ritmo y donde todavía podemos disfrutar de la Alpujarra más auténtica.
Así que esta vez salimos de Motril para descubrir todo lo que Cáñar tiene que ofrecernos. Un pueblo que quizá no sea tan conocido como otros de la comarca, pero que precisamente por eso conserva ese encanto especial que tanto nos gusta encontrar cuando nos echamos a la carretera para conocer nuestra provincia.
Situado a más de mil metros de altitud, en la ladera sur de Sierra Nevada, Cáñar disfruta de unas vistas que, en los días despejados, nos permiten contemplar las sierras de alrededor e incluso mirar hacia la costa. No es de extrañar que se le conozca como el «Balcón de la Alpujarra». Sus casas blancas, sus tejados planos y sus calles conservan esa imagen tan característica de los pueblos alpujarreños. Y con unos 420 habitantes, estamos ante uno de esos lugares pequeños que invitan a dejar el coche, caminar sin prisas y descubrir qué esconden sus rincones.
Qué ver en Cáñar
Cáñar es un pueblo para recorrer sin prisas, dejándonos llevar por sus calles y descubriendo esos pequeños rincones que muchas veces pasan desapercibidos cuando visitamos un lugar por primera vez. Aquí no vamos a encontrar grandes monumentos ni un pueblo lleno de turistas, sino la tranquilidad, las casas blancas y ese encanto tan particular que tienen los pueblos de la Alpujarra.
Nosotros vamos a recorrerlo poco a poco, fijándonos en sus rincones, sus fuentes y esos detalles que hacen que merezca la pena desviarse de la carretera principal para descubrir este pequeño paraíso escondido.
Mirador de África
Tras dejar el coche, lo primero que nos encontramos es el Mirador de África. Es un mirador sencillo, sin grandes adornos, pero con unas vistas que nos parecen espectaculares. Tiene un pequeño porche donde podemos detenernos un rato y disfrutar tranquilamente del paisaje, con la costa y las sierras extendiéndose ante nosotros.
También dispone de unos prismáticos que nos permiten observar mejor todo lo que tenemos delante. Y es que este lugar tiene algo especial, porque en los días más despejados se puede llegar a distinguir, al otro lado del Mediterráneo, la cordillera del Rif, en Marruecos.
De ahí viene precisamente su nombre, Mirador de África. No todos los días se dan las condiciones para contemplar las montañas africanas, pero pensar que tenemos África al otro lado del mar hace que estas vistas tengan todavía más interés.
El mirador se encuentra sobre la Casa del Pueblo, un edificio municipal que alberga también el Museo del Pueblo y otros espacios culturales, y fue inaugurado en 2020. Después de disfrutar de las vistas, seguimos con nuestra visita a Cáñar, dispuestos a descubrir qué más nos espera en este pequeño rincón de la Alpujarra.

Casa del Pueblo y Museo del Pueblo
Junto al Mirador de África se encuentra la Casa del Pueblo de Cáñar, un edificio municipal que alberga el Museo del Pueblo y donde también se realizan distintas actividades culturales.
En su interior podemos encontrar fotografías de algunas de las tradiciones más conocidas del pueblo, como la Música de las Mozuelas y el tradicional juego de la Pelota. También se conserva el mecanismo del antiguo reloj de la torre de la iglesia, fechado en 1883, y una colección de objetos de esparto realizados por Pepillo el Bayaquero, un artesano de Cáñar que dedicó buena parte de su vida a trabajar con este material.
Con el esparto se elaboraban antiguamente muchos objetos de uso cotidiano y herramientas que se utilizaban en las casas y en el campo. Esta colección nos acerca a aquellos trabajos tradicionales que formaban parte de la vida de nuestros pueblos y que merece la pena conservar para que no caigan en el olvido.
Si tenéis ocasión de visitar Cáñar y encontráis el museo abierto, podéis aprovechar para conocer un poco mejor sus costumbres y tradiciones, y descubrir cómo los oficios de toda la vida también forman parte de la historia de un pueblo.
Iglesia parroquial de Santa Ana
Si seguimos caminando calle arriba desde el Mirador de África, no tardamos en encontrarnos con uno de los edificios que más destacan en Cáñar: la iglesia parroquial de Santa Ana.
Su gran torre llama la atención desde distintos puntos del pueblo. Da igual que la miremos desde lejos o que nos acerquemos hasta ella, porque sobresale por encima de los tejados y deja claro que estamos ante una iglesia de grandes dimensiones para un pueblo tan pequeño como Cáñar.
Al observar sus paredes, también podemos apreciar algunos cambios en la entrada y en varios huecos que parecen haber sido cerrados. Son detalles que nos hacen pensar en las distintas modificaciones que ha sufrido el edificio a lo largo de los siglos. Y es que la historia de esta iglesia se remonta a finales del siglo XVI, en una época complicada para la Alpujarra, marcada por la rebelión de los moriscos. El templo sufrió daños durante aquellos acontecimientos y tuvo que ser reconstruido y reparado posteriormente.
Pero hay una curiosidad sobre su torre que merece la pena conocer. En 1832 se decidió rebajarla hasta la altura del cuerpo de campanas porque se consideraba demasiado alta y existía el temor de que los fuertes vientos pudieran derribarla. Cuesta imaginar cómo sería antes de aquella modificación, sobre todo cuando la vemos sobresalir tanto sobre las casas del pueblo.
Y si la torre llama la atención por su tamaño, el reloj también tiene su historia. Según la información que hemos encontrado, fue adquirido en 1823. Durante nuestra visita tuvimos la suerte de escucharlo funcionar desde distintos puntos de Cáñar y, la verdad, nos gustó mucho encontrarnos con ese sonido tan de antaño. Sus campanadas rompían el silencio de las calles y se escuchaban mientras seguíamos recorriendo el pueblo.
Precisamente, las campanas también guardan una historia curiosa. Según las referencias consultadas, en 1950 se retiraron las antiguas campanas de bronce para fundirlas y sustituirlas por otras más económicas. Dos años después aparece documentada una campana fabricada por la empresa Vidal Erice, de Pamplona, aunque no hemos podido confirmar si era una de aquellas campanas sustitutas. Son pequeños episodios que nos permiten conocer mejor los cambios que ha vivido la iglesia y que, de otro modo, probablemente pasarían desapercibidos.
Pero Santa Ana no destaca únicamente por su exterior. En su interior conserva un retablo barroco de madera policromada, diseñado en 1696 y realizado entre 1753 y 1755. Es curioso pensar que entre el diseño y su ejecución pasaron varias décadas. También se encuentra allí la imagen de la Virgen del Rosario, atribuida a los escultores Bernabé de Gaviria o Martín de Aranda, de finales del siglo XVI o comienzos del XVII.
Otro elemento de interés es el órgano construido en 1799 por Tomás Pabón. Se trata de una pieza histórica que, según la documentación consultada, se encuentra en mal estado y necesita una restauración. Una pena que un instrumento con tantos años de historia haya llegado hasta nuestros días en esas condiciones.
Después de conocer todo esto, la iglesia de Santa Ana se ve de otra manera. Nosotros nos quedamos con su imponente torre y, sobre todo, con el sonido de aquel reloj que nos acompañó mientras callejeábamos por Cáñar. Porque a veces son esos pequeños detalles, junto con las historias que descubrimos durante el camino, los que hacen que una visita nos deje un recuerdo especial.

Fuente de la Plaza de Santa Ana
Justo al lado de la iglesia encontramos la Fuente de la Plaza de Santa Ana, una fuente de piedra que lleva en este lugar desde 1883. Tiene forma octogonal, cuatro caños de bronce y un pilar central. La base está rodeada por el típico empedrado granadino, que encaja muy bien con el entorno de la plaza.
Pero más allá de su aspecto, lo interesante de esta fuente es todo lo que ha representado para los vecinos de Cáñar. Durante muchos años, las mujeres acudían aquí con sus cántaros para llevar agua a casa, mientras que los animales también se acercaban a beber. En una época en la que no bastaba con abrir un grifo para tener agua, las fuentes formaban parte de las tareas cotidianas de cualquier pueblo.
Y no era solo cuestión de agua. Estos lugares también servían como punto de encuentro, donde se compartían conversaciones, juegos y momentos de la vida diaria. La fuente ha sido testigo de muchas de esas pequeñas historias que, generación tras generación, van formando parte de la memoria de un pueblo.
Callejeando por Cáñar
Después de visitar la iglesia de Santa Ana, comenzamos a callejear por Cáñar en dirección a la Fuente de Ya Bajos. Y, como no podía ser de otra manera, nos dejamos llevar por ese entramado de calles estrechas y curvas que, en más de una ocasión, nos hace perder un poco el rumbo y dejar de tener claro hacia dónde vamos.
Pero precisamente ahí está parte de la gracia de recorrer pueblos como este. Ir descubriendo rincones a medida que avanzamos, encontrarnos con una calle por la que no esperábamos pasar o tener que girar una y otra vez para seguir nuestro camino. Para nosotros, callejear sin prisas es una de las mejores formas de conocer un pueblo, y en Cáñar tenemos motivos de sobra para hacerlo.
La arquitectura también merece que nos detengamos a observarla. Nos encontramos con casas blancas de aspecto muy alpujarreño, algunas con tejados planos y otras con esos pasadizos cubiertos que conocemos como tinaos. Junto a ellas aparecen viviendas más modernas y antiguos corrales que conservan ese aire de otra época. Todo forma parte de un conjunto en el que las construcciones se han ido adaptando a la pendiente y a las particularidades del terreno.
Este trazado de calles estrechas y sinuosas es una de las características de la arquitectura tradicional de la Alpujarra. Las casas se levantaban aprovechando el espacio disponible en la ladera y, con el paso del tiempo, el pueblo ha ido creciendo sin perder del todo esa forma tan particular de encajar unas construcciones con otras.
Y entre calle y calle también nos encontramos con algunos detalles que nos sorprendieron. En varias de las fuentes de Cáñar hay pequeñas coplas escritas que, al principio, nos parecieron simples poesías. Después descubrimos que están relacionadas con la Música de las Mozuelas, una de las tradiciones populares más conocidas del pueblo. Son versos que recuerdan aquellas rondas en las que los mozos cantaban a las muchachas, con letras que podían ser románticas, humorísticas y hasta un poco pícaras.
Nos gustó descubrir esta tradición de una forma tan inesperada, mientras paseábamos por el pueblo. Así que nuestro consejo es que no os limitéis a ir de un punto a otro siguiendo una ruta marcada. Dejad un poco de lado el mapa y perdeos por las calles de Cáñar.

Fuente de Ya Bajos
Casi sin darnos cuenta, mientras seguimos callejeando por Cáñar, llegamos a la Fuente de Ya Bajos. Nos encontramos con una fuente de aspecto sencillo, sin grandes adornos, pero con tres caños por los que sale una buena cantidad de agua. A primera vista puede parecer una fuente más, aunque cuando empezamos a conocer su historia nos damos cuenta de que ha tenido mucha importancia en la vida del pueblo.
Durante muchos años, las fuentes eran fundamentales para el día a día de los vecinos. Aquí se acudía a recoger agua para llevarla a casa y, como ocurría en tantos pueblos, estos lugares también servían para encontrarse y compartir un rato mientras se hacían las tareas cotidianas.
Pero la Fuente de Ya Bajos guarda una historia que nos ha llamado especialmente la atención. También se la conoce como la fuente del último adiós, porque antiguamente, cuando fallecía algún vecino de Cáñar, el cortejo fúnebre hacía una parada aquí. El sacerdote rezaba el último responso antes de que el féretro continuara su camino hacia el cementerio, llevado a hombros por familiares y amigos.
Cuesta imaginar hoy esa escena junto a una fuente que, por su aspecto, podría pasar desapercibida. Sin embargo, conocer esta costumbre nos ayuda a entender el papel que tenían estos rincones en la vida de los pueblos, acompañando a sus vecinos incluso en uno de los momentos más difíciles.
Hay también un detalle curioso relacionado con el agua. Según los testimonios recogidos en un estudio sobre los sistemas tradicionales de riego de la zona, el caudal de la fuente aumenta cuando vuelve a circular el agua por la Acequia Vieja. Se cuenta que hubo épocas en las que apenas salía agua por sus caños, mientras que, cuando el agua volvía a correr por la acequia, los tres manaban con fuerza.
Un poco más abajo encontramos también una construcción que parece un lavadero. No hemos conseguido averiguar cuándo se hizo ni si se trata de una instalación antigua, así que preferimos dejarlo como una curiosidad más de nuestro recorrido, sin dar por hecho algo que no hemos podido confirmar.
Tampoco hemos encontrado una explicación fiable sobre el origen del nombre de Ya Bajos. Podría llevarnos a pensar en su ubicación dentro del pueblo, pero no tenemos datos que permitan asegurarlo. Lo que sí sabemos es que esta fuente esconde mucha más historia de la que aparenta y que, detrás de sus tres caños, encontramos recuerdos y costumbres que forman parte de la historia de Cáñar.

Senderismo en Cáñar: la ruta del Dique 24
Si hay una ruta de senderismo que merece la pena destacar en Cáñar, esa es la que nos lleva hasta el Dique 24 y enlaza con Soportújar. Nosotros ya hemos tenido la oportunidad de hacerla y podemos decir que es una de esas caminatas que se recuerdan tanto por el paisaje como por algunos de los pasos que encontramos durante el recorrido.
Desde el principio, las vistas son uno de los grandes atractivos de esta ruta. A medida que avanzamos, se nos abre un paisaje espectacular, con la Sierra de Lújar, la Contraviesa, Órgiva y buena parte de la Alpujarra a nuestros pies. Es de esos lugares en los que apetece detenerse un momento, mirar alrededor y disfrutar de todo lo que tenemos delante.
Pero hay algo importante que debemos tener en cuenta antes de decidirnos a hacerla. Algunos tramos del sendero son muy estrechos y discurren por la ladera de la montaña, con una fuerte caída por uno de sus lados. No hablamos simplemente de un camino con desnivel, sino de pasos en los que el terreno cae de forma pronunciada junto a nuestros pies. Si tenéis vértigo, no os recomendaría esta ruta. En cualquier caso, conviene avanzar con mucha precaución y prestar atención a cada paso.
Al llegar al Dique 24, nos encontramos con una enorme construcción levantada sobre el río Chico. Con cerca de 30 metros de altura, su muro y sus cinco vanos llaman la atención incluso cuando apenas lleva agua. Pero si tenemos la suerte de encontrarlo con un buen caudal, el salto se convierte en un auténtico espectáculo y hace que nos detengamos a contemplarlo durante un buen rato.
Sin embargo, para entender por qué se construyó una obra de estas dimensiones en este barranco, tenemos que remontarnos al siglo XIX y conocer la historia de Barjas, un antiguo núcleo de población situado en la cuenca del río Chico.
El 26 de julio de 1860, durante la conocida como tormenta de Santa Ana, una enorme avenida de agua acompañada de un gran deslizamiento de tierras provocó una catástrofe en esta zona de la Alpujarra. Barjas quedó sepultado bajo los materiales arrastrados por la ladera y el núcleo desapareció. La tragedia no afectó únicamente a este lugar: la enorme cantidad de tierra, lodo y rocas que bajó por el barranco llegó a modificar el cauce del río Chico, sepultó molinos y alcanzó parte de Bayacas.
Cuesta imaginar lo que tuvo que ocurrir para que un paisaje habitado quedara transformado de aquella manera. Donde antes había casas, tierras de cultivo y construcciones ligadas al agua, quedaron acumulaciones de sedimentos que alteraron por completo el entorno. La desaparición de Barjas se convirtió así en uno de los episodios más dramáticos de la historia de esta parte de la Alpujarra.
Las consecuencias de aquellas riadas y de la erosión de las laderas hicieron necesario intervenir en la cuenca para reducir los daños que el agua y los materiales arrastrados podían provocar aguas abajo, especialmente en las tierras de Órgiva. A finales del siglo XIX y durante las primeras décadas del XX se impulsaron trabajos de restauración hidrológico-forestal, combinando la repoblación de las laderas con la construcción de diques que ayudaran a frenar la erosión y estabilizar los cauces.
El Dique 24 se terminó de construir en 1943 y formó parte de estas actuaciones. Su función era ayudar a estabilizar el cauce del río Chico y contener los arrastres, reduciendo los efectos de las fuertes avenidas que durante décadas habían causado tantos problemas en la comarca. No se trataba únicamente de levantar un muro para contener el agua, sino de intervenir en un terreno donde la combinación de lluvias intensas, pendientes pronunciadas y suelos inestables podía desencadenar episodios muy destructivos.
Después de conocer esta historia, resulta difícil contemplar el dique únicamente como un salto de agua en mitad de la montaña. También nos habla de la fuerza del río Chico, de un pueblo que desapareció bajo los materiales arrastrados por una catástrofe y del esfuerzo posterior por proteger las tierras y las poblaciones de la zona.
Para nosotros, esta ruta reúne muchas de las cosas que nos gustan de la Alpujarra: paisajes que se abren a cada paso, senderos que nos acercan a rincones sorprendentes y lugares que, además de su belleza, guardan historias que merece la pena conocer. Eso sí, antes de hacerla conviene informarse del estado actual del camino y valorar bien su dificultad, porque algunos pasos son estrechos y expuestos. Las vistas y la llegada al Dique 24 merecen la pena, pero la seguridad debe estar siempre por delante.

Dónde comer en Cáñar
Durante nuestra visita a Cáñar solo nos fijamos en un establecimiento, El Piki, un bar que nos dio la impresión de ser uno de esos lugares que forman parte del día a día del pueblo. Por el ambiente que vimos, parecía un punto de encuentro para los vecinos, de esos en los que uno se para a tomar algo y aprovecha para charlar un rato.
El Bar Piki ofrece tapas y comidas, con una propuesta en la que también tienen cabida platos tradicionales de la Alpujarra. Si estáis pensando en hacer una parada para comer o tomar algo después de recorrer las calles de Cáñar, puede ser una opción a tener en cuenta.
En un pueblo pequeño como este, a veces basta con encontrar un bar con ambiente local para completar la jornada.
Dónde dormir en Cáñar
Aunque Cáñar es un pueblo pequeño, también cuenta con opciones de alojamiento para quienes quieran quedarse a dormir y disfrutar de la Alpujarra sin prisas. Podemos encontrar casas rurales y viviendas turísticas, algunas situadas en el propio casco urbano y otras en los alrededores, una buena alternativa para quienes buscan tranquilidad y naturaleza.
Entre los alojamientos que aparecen en la información turística del municipio están Alpujarra Escape, con casas como El Tinao y Casa Rif, y Cortijo Posteruelo 2. También existen otras viviendas turísticas en el pueblo, por lo que merece la pena comparar las opciones disponibles según las fechas y el tipo de estancia que estemos buscando.
Si nuestra idea es recorrer varios pueblos de la Alpujarra, dormir en Cáñar puede ser una forma de conocer una zona algo más tranquila y alejada del movimiento de los lugares más visitados. Eso sí, conviene consultar directamente cada alojamiento para comprobar disponibilidad, precios y condiciones antes de organizar la escapada.
Fiestas y tradiciones de Cáñar
Cáñar conserva varias fiestas y costumbres que forman parte de su identidad y que merece la pena conocer si queremos descubrir algo más que sus calles y sus paisajes. Algunas tienen un carácter religioso y popular, mientras que otras mantienen vivas tradiciones que hacen de este pequeño pueblo de la Alpujarra un lugar muy particular.
Fiestas patronales de Santa Ana
Los días 24, 25 y 26 de julio se celebran las fiestas patronales de Cáñar en honor a Santa Ana, cuya festividad tiene lugar el día 26. Durante estas jornadas, el pueblo se llena de ambiente festivo, con actos religiosos, actividades para los vecinos y verbenas. Es también una ocasión para que muchas familias y personas vinculadas al pueblo regresen y disfruten de unos días de convivencia.
La Música de las Mozuelas
Si hay una tradición que distingue especialmente a Cáñar, es la Música de las Mozuelas, que se celebra durante la madrugada del 27 al 28 de diciembre, coincidiendo con la víspera del Día de los Santos Inocentes.
Los mozos recorren las calles del pueblo cantando coplas a las muchachas, acompañados de guitarras, bandurrias, acordeones y otros instrumentos. Las letras pueden ser románticas, humorísticas y hasta pícaras. Por la mañana continúa la ronda, esta vez con la participación de las propias mozuelas, y la celebración termina con una comida popular.
Es una costumbre con una larga trayectoria que sigue reuniendo a vecinos de distintas generaciones y que nos permite entender mejor esas coplas que encontramos escritas en algunas de las fuentes del pueblo.
La Mauraca, la fiesta de las castañas
El primer sábado de noviembre, Cáñar celebra la Mauraca, una fiesta otoñal vinculada a la tradición de reunirse alrededor del fuego y disfrutar de las castañas asadas. La jornada suele acompañarse de una barbacoa y de un ambiente de convivencia entre vecinos y visitantes.
Es una celebración sencilla, muy ligada a esta época del año, en la que compartir comida y pasar un rato juntos se convierte en el principal atractivo.
Además, durante la primera semana de agosto suele celebrarse la Semana Cultural, con actividades lúdicas y propuestas para vecinos y visitantes. Si tenéis pensado viajar a Cáñar en esas fechas, merece la pena consultar el programa municipal para conocer las actividades previstas.
Cómo llegar a Cáñar y dónde aparcar
Cáñar se encuentra en la Alpujarra granadina, en una zona de montaña a la que llegamos después de pasar por Órgiva. Aunque está algo apartado de las carreteras principales, llegar hasta allí no tiene demasiada complicación si seguimos las indicaciones hacia la Alpujarra Alta.
Desde Motril, nosotros tomamos la autovía en dirección a la presa de Rules y seguimos hacia Órgiva. Una vez dejamos atrás el municipio, continuamos por la carretera que se adentra en la Alpujarra Alta hasta encontrar el desvío señalizado hacia Cáñar. Desde allí nos esperan unos kilómetros de subida por una carretera de montaña, con curvas y bonitas vistas del entorno.
Desde Granada, podemos tomar la A-44 en dirección a Motril y salir por la salida 164, señalizada hacia Lanjarón y la Alpujarra. Seguimos por la A-348 hasta pasar Lanjarón y llegar a Órgiva. Antes de entrar en el casco urbano, tomamos la A-4132 en dirección a la Alpujarra Alta y, más adelante, el desvío hacia Cáñar.
Una vez que llegamos al pueblo, encontramos dos zonas donde dejar el coche. La primera es la más amplia y nos pareció la opción más cómoda para comenzar la visita. Un poco más adelante hay otra zona de aparcamiento que, por lo que vimos, parecía utilizarse más habitualmente por los vecinos.
Nosotros recomendamos dejar el coche en el primer aparcamiento, si hay sitio, y continuar a pie. Las calles de Cáñar son estrechas y resulta mucho más cómodo recorrerlas caminando, sin tener que preocuparnos por el coche mientras descubrimos sus rincones.
Nos despedimos de Cáñar
Y llegó el momento de dejar atrás Cáñar y emprender el camino de vuelta a Motril.
Nos vamos después de haber callejeado por el pueblo, de habernos detenido en sus fuentes y de conocer algunas de esas historias y tradiciones que siguen formando parte de la vida de sus vecinos. A veces, cuando visitamos un lugar, son precisamente esos pequeños detalles los que terminan dando sentido a la visita, más allá de los monumentos o de las fotografías que nos llevamos.
Cáñar nos ha permitido disfrutar de otra jornada por nuestra Alpujarra, una zona de Granada a la que siempre nos gusta volver. Y es que, aunque hayamos recorrido muchos de sus pueblos, seguimos encontrando motivos para desviarnos de la carretera, aparcar el coche y dedicar unas horas a conocer lugares que quizá teníamos menos presentes.
Ahora toca volver a casa, pero seguro que todavía nos quedan muchos caminos por recorrer y pueblos por descubrir. Mientras tanto, nos quedamos con lo vivido en Cáñar y con las ganas de seguir saliendo a conocer nuestra tierra, que para eso siempre encontramos una buena excusa.
Nos vemos en los senderos!!!


Me parece muy interesante la publicación.
Estero visitar el Cáñar a mediados noviembre.
Gracias
Muchas gracias!Espero que disfrutes de la visita a Cáñar. Es un pueblo con mucho encanto, de esos que merece la pena recorrer sin prisas. ¡Ya nos contarás qué te parece!