
Esta vez nos vamos a un pueblo que nos pilla relativamente cerca de casa. Si te preguntas qué ver en Órgiva, quizá te sorprenda descubrir que tiene mucho más que ofrecer de lo que pensamos. Para muchas personas suele ser simplemente una parada de paso hacia la Alpujarra Alta, camino de pueblos como Capileira, Pampaneira o Bubión, entre otros. Y es una pena, porque Órgiva merece que le dediquemos tiempo para descubrirla como se merece.
Salimos desde la Costa Tropical de Granada en dirección a la Alpujarra, disfrutando de una carretera que conocemos bien y que, aun así, nunca nos cansamos de recorrer. El camino nos regala unas vistas espectaculares de la presa de Rules, con los pinares acompañándonos durante buena parte del recorrido. Es uno de esos trayectos en los que merece la pena levantar la vista, disfrutar del paisaje y dejar que el viaje forme parte de la escapada.
La verdad es que esta carretera nos encanta y, como siempre que venimos por esta zona, disfrutamos muchísimo del camino. Poco a poco nos vamos adentrando en el paisaje alpujarreño y, tras cruzar el Puente de los Siete Ojos, comenzamos a subir hasta llegar a Órgiva.
Aparcamos nada más entrar al pueblo y, desde aquí, nos ponemos en marcha para descubrir todo lo que Órgiva tiene que ofrecernos. Hoy no queremos limitarnos a pasar por aquí camino de otros pueblos de la Alpujarra; queremos recorrer sus calles, conocer sus rincones y disfrutar de todo lo que este municipio granadino guarda para quienes deciden dedicarle un poco de tiempo.
Qué ver en Órgiva
Órgiva es de esos pueblos que se entienden mejor andando. Tiene historia, tiene rincones con encanto y tiene ese ambiente tan suyo que hace que uno se quede más rato del que pensaba. Y eso que, vista desde la carretera, puede parecer solo un pueblo grande al que se llega de paso.
Antes de empezar, os contamos una curiosidad. Órgiva es considerada la capital de la Alpujarra desde 1839, durante el reinado de Isabel II, y antiguamente se la conocía como Albacete de Órgiva. Su historia viene de lejos: en 1492 fue cedida a Boabdil y, más tarde, pasó a manos del Gran Capitán.
Nosotros os vamos a enseñar los rincones que más nos gustaron y que fuimos descubriendo durante la visita.
Casa-Palacio de los Condes de Sástago
Llegamos andando hasta el núcleo principal de Órgiva y lo primero con lo que nos encontramos es la Casa-Palacio de los Condes de Sástago, que hoy alberga el Ayuntamiento. A primera vista puede parecer que pasa un poco desapercibida, pero basta con pararse un momento y mirarla con algo más de atención para empezar a descubrir su belleza y hacernos una idea del esplendor que debió de tener en sus mejores tiempos.
Aunque el palacio fue tomando forma entre los siglos XVI y XVII, su elemento más antiguo es la torre almenada, que data del siglo XV y que probablemente se levantó sobre una antigua construcción defensiva de época musulmana. Si os fijáis en ella, veréis que es una de las partes que más llaman la atención del conjunto. Sus muros de mampostería, con esas franjas de ladrillo que los recorren, nos recuerdan que estamos ante un edificio con varios siglos de historia.
Y es que esta torre no está ahí solo para adornar el palacio. Durante la rebelión de los moriscos de las Alpujarras, entre 1568 y 1571, tuvo un importante papel defensivo y fue escenario de enfrentamientos. Cuesta imaginarlo hoy, viendo el edificio integrado en la vida cotidiana del pueblo y convertido en sede municipal.
Hay además un detalle curioso: en el siglo XIX se le añadió un tejado a la torre para aprovecharla como secadero de maíz. Nunca imaginaríamos que una torre que tuvo una función defensiva terminara utilizándose para algo tan distinto.
Con el paso de los años, la casa-palacio sufrió reformas y un importante deterioro, hasta que fue rehabilitada para acoger el Ayuntamiento. Las obras finalizaron en 2004, recuperando buena parte de los elementos históricos que todavía se conservaban y adaptando el conjunto a su nuevo uso.
Después de detenernos a contemplarlo, seguimos nuestro paseo por Órgiva. Puede que no sea el edificio que más destaque a primera vista, pero, cuando conoces un poco de su historia y te fijas en sus detalles, empiezas a mirarlo de otra manera.

Iglesia de Nuestra Señora de la Expectación
Hay edificios que forman parte de la imagen de un pueblo y que, de alguna manera, terminan convirtiéndose también en parte de su alma. Para mí, la Iglesia de Nuestra Señora de la Expectación es uno de ellos.
Siempre me ha gustado esta iglesia. Su imponente presencia en mitad del movimiento de una de las calles principales de Órgiva, con sus dos torres gemelas que se distinguen desde lejos, hace que sea imposible confundirla con otro edificio. Y esos remates azulados de sus torres, que destacan sobre los tejados del pueblo, le dan una personalidad muy especial. Es una imagen que se te queda grabada y que resume muy bien cómo es Órgiva.
El templo que vemos hoy se empezó a reconstruir hacia 1580, después de los daños que sufrió durante la rebelión de los moriscos de las Alpujarras. Su arquitectura tiene una base renacentista, con arcos de medio punto y bóvedas de cañón, aunque a lo largo de los siglos fue incorporando otros elementos. No hace falta conocer todos esos detalles para apreciar su presencia, pero sí ayudan a entender que estamos ante un edificio con una historia larga y bastante más complicada de lo que parece a simple vista.
Si os paráis a mirar la fachada, fijaos también en el reloj y en los detalles que acompañan a las dos torres. Son elementos que completan la imagen de una iglesia que destaca incluso entre las calles más animadas del pueblo.
Dentro se venera al Santísimo Cristo de la Expiración, patrón de la Alpujarra, y alrededor de esta talla hay una leyenda que nos encanta. Cuenta la tradición que los vecinos de la cercana Lanjarón intentaron llevársela, pero que, al cruzar el puente sobre el río Chico, el Cristo se volvió tan pesado que no tuvieron más remedio que devolverlo a su sitio.
Nosotros no pudimos entrar. Cuando llegamos, la iglesia estaba cerrada y, según nos contaron, solo abre a la hora de la misa, a las 20:00, así que no nos dio tiempo de verla por dentro. Una pena, porque nos quedamos con las ganas de contemplar la imagen del Cristo de la Expiración. Si queréis visitar el interior, os recomendamos preguntar antes por los horarios o intentar cuadrar la visita con la misa, porque no parece fácil encontrarla abierta fuera de ese momento. Nosotros lo dejamos apuntado para la próxima vez.
Y antes de seguir nuestro paseo, hay otro detalle que no quería dejar pasar: la cruz de hierro forjado que se encuentra en la verja exterior de la iglesia. Es mucho más que un adorno. Tiene una inscripción que la relaciona con la adjudicación del señorío de Órgiva en 1596, durante una etapa importante de la historia de la localidad. Es una de esas pequeñas piezas que guardan una historia propia y que merece la pena observar de cerca.
Para nosotros, la Iglesia de Nuestra Señora de la Expectación es uno de esos lugares que siempre merece la pena volver a mirar cuando pasamos por Órgiva. Y esta vez, además, nos hemos dejado una visita pendiente.
El Barrio Alto de Órgiva
Desde aquí nos metimos por el lateral de la iglesia para contemplarla desde distintos ángulos y, siguiendo nuestro paseo, llegamos a uno de esos rincones de Órgiva que nunca habíamos visitado y que nos sorprendió para bien: su Barrio Alto.
Nos encontramos con un entramado de calles estrechas, empinadas y un tanto laberínticas, con ese aire tan característico de los pueblos de la Alpujarra. Por aquí todavía se conservan casas encaladas y pequeños tinaos, esos pasos cubiertos bajo las viviendas que forman parte de la arquitectura tradicional de la comarca.
Pero lo que más nos llamó la atención fue la cantidad de detalles hechos a mano que decoraban las casas. Había macetas, flores de lana, labores de punto o ganchillo y un montón de pequeños adornos que daban vida a las calles. No era solo cuestión de tener las fachadas bonitas: cada rincón parecía tener algo diferente que mirar.
Mientras callejeábamos también nos fijamos en la variedad de estilos y detalles que hay en el barrio, y no pudimos evitar pensar en la mezcla de nacionalidades que forma parte del día a día de Órgiva. Es una de las cosas que hacen especial a este pueblo y que se perciben mejor cuando uno se aleja de las calles más transitadas y empieza a conocer sus rincones con calma.
El Barrio Alto conserva buena parte de ese carácter alpujarreño que tanto nos gusta. A veces creemos conocer un pueblo de tanto pasar por él, pero siempre queda algún rincón que se nos ha escapado y que merece la pena descubrir. Este fue uno de ellos.

Ermita de San Sebastián
La ermita de San Sebastián fue otro de los descubrimientos de esta visita. Subimos hasta lo más alto del Barrio Alto y allí nos encontramos con esta pequeña ermita, que parece vigilar todo el pueblo de Órgiva desde lo alto.
Es un edificio sencillo, muy cuidado y con una forma que llama la atención. Su planta es octogonal, algo que quizá no nos paremos a observar a primera vista, pero que le da una silueta muy particular. La ermita está dedicada a San Sebastián, patrón de Órgiva, y sus orígenes se remontan a finales del siglo XVI, cuando en 1589 comenzaron las obras. Según la tradición, antes de levantarse aquí la ermita existió una antigua fortaleza que dominaba el valle desde este mismo alto.
Pero si hay algo que nos sorprendió al llegar fue lo que encontramos justo detrás. Allí está la conocida Ventana de Órgiva, un enorme marco que se abre al paisaje y que se ha convertido en un rincón muy fotogénico, de los que apetece llevarse de recuerdo. Basta con colocarse delante para tener una bonita imagen del pueblo y de la Alpujarra de fondo.
No es lo que esperas encontrar cuando subes a visitar una ermita, pero termina completando la experiencia. Las vistas, la tranquilidad de la zona y la posibilidad de contemplar Órgiva desde arriba hacen que merezca la pena el esfuerzo de subir.
Llegar hasta aquí no es complicado, aunque hay que tener en cuenta que el camino es cuesta arriba y que el último tramo tiene algo más de pendiente. No es una subida descabellada para hacer con niños, siempre que vayáis con calma, paréis cuando haga falta y aprovechéis para mirar hacia atrás: las vistas van mereciendo la pena a medida que ganáis altura.

Plaza de la Alpujarra
Desde la ermita de San Sebastián comenzamos a bajar de nuevo hacia el centro de Órgiva y llegamos a la Plaza de la Alpujarra. Se construyó en 2004 y tiene un detalle que nos gustó especialmente: sus dos tinaos, unos pasillos cubiertos de unos diez metros de largo que recuerdan a la arquitectura tradicional alpujarreña.
Pero lo que realmente llama la atención es la decoración. En las columnas y paredes encontramos numerosos murales de azulejos dedicados a los pueblos de la Alpujarra. Cada uno tiene su propia representación, y recorrer estos pasillos nos permite descubrir algunos de los rincones que forman parte de la comarca. En uno de los laterales hay, además, un gran mural de azulejos con un plano de toda la Alpujarra, que invita a pararse un momento y mirarlo con calma.
Aquí también se encuentra la Oficina de Turismo de Órgiva, así que puede ser un buen lugar para acercarse si queréis completar la visita o buscar información sobre otros pueblos de la zona.
Justo al otro lado de la calle nos encontramos con el Mercado Municipal de Abastos, un espacio que también merece una parada. El edificio cuenta con puestos de alimentación y una galería comercial con diferentes negocios, entre ellos tiendas y establecimientos de hostelería. Nos pareció un lugar bonito y con bastante movimiento, de esos que permiten conocer una parte más cotidiana de Órgiva, más allá de sus monumentos y sus calles tradicionales.
Entre los tinaos, los azulejos que representan los pueblos alpujarreños y la actividad del mercado de enfrente, esta parada nos permite seguir descubriendo Órgiva desde otra perspectiva, sin alejarnos del centro.
Plaza de las Culturas
Desde la Plaza de la Alpujarra seguimos caminando por Órgiva hasta llegar a la Plaza de las Culturas, un lugar que nos permite conocer otra de las señas de identidad de este pueblo: la convivencia de personas procedentes de distintos lugares del mundo.
Esta plaza se inauguró en 2014 como homenaje a la diversidad cultural de Órgiva. Y es que aquí viven vecinos de numerosas nacionalidades, algo que ya habíamos notado paseando por el Barrio Alto y que forma parte de la personalidad del pueblo.
En el centro encontramos una escultura muy llamativa, obra de José Vera. Tres manos sostienen una esfera que representa el mundo, acompañada de una frase del escritor romano Publio Terencio Africano: «Hombre soy, nada de lo humano me es ajeno». Una idea que encaja muy bien con el sentido de este espacio y con el mensaje que quiere transmitir.
En uno de los extremos hay, además, un muro decorado con los cinco continentes, concebido como una cascada de agua. Una imagen que vuelve a poner el foco en la diversidad de las personas que conviven en Órgiva.
Más allá de su decoración, es una plaza pensada para reunirse y compartir, tanto para los vecinos como para quienes pasamos por aquí de visita. Nos recuerda que Órgiva no se entiende únicamente por su historia y su arquitectura alpujarreña, sino también por las personas que han llegado de otros lugares y han hecho aquí su vida.

El busto de Don Quijote y la Sala Cervantina
Volvemos sobre nuestros pasos y, a un paso de la Plaza de la Alpujarra, nos encontramos con una de esas imágenes que llaman la atención nada más verlas: una enorme cabeza de Don Quijote, acompañada de una bonita fuente situada detrás. Es difícil pasar por aquí sin fijarse en ella, y quizá por eso conviene saber que no está ahí por casualidad.
La escultura es obra de José Vera Ruiz, un escultor madrileño que vive en Órgiva desde 2012 y que es también el autor de la escultura de la Plaza de las Culturas. Se instaló en 2017, coincidiendo con el Día de Andalucía, y no es pequeña: mide unos tres metros de altura y pesa alrededor de tres toneladas. Rinde homenaje al universo de Miguel de Cervantes, y se entiende mejor cuando descubrimos lo que hay justo al lado.
Porque Órgiva, en plena Alpujarra, guarda una de las colecciones cervantinas más importantes de España. Está en la Sala Cervantina Agustín Martín Zaragoza, dentro de la Biblioteca Municipal Hurtado de Mendoza, justo enfrente de la plaza.
Su nombre es el del bibliotecario que empezó a reunir ediciones de Don Quijote de la Mancha en 1967. Y hay un detalle que nos encantó: el primer ejemplar se lo regaló el entonces príncipe Juan Carlos y, años después, en 1994, ya como rey y durante una visita oficial a Órgiva, lo firmó. Desde aquel primer libro, la colección fue creciendo hasta superar las 300 ediciones, unos 600 estudios y ensayos, y reunir ejemplares en más de 80 idiomas.
Un consejo práctico: según algunas guías, la sala abre de lunes a viernes, y los fines de semana solo con cita previa para grupos. Lo mejor es preguntar antes en la propia biblioteca o en la Oficina de Turismo de la plaza, por si los horarios han cambiado.
Nosotros nos encontramos con este rincón durante nuestro paseo por el pueblo y nos gustó descubrir que detrás de aquella enorme cabeza había una historia cultural tan ligada a Órgiva. Es uno de esos detalles que quizá pasarían desapercibidos si nos limitáramos a recorrer sus calles, pero que hacen que la visita nos deje algo más que unas cuantas fotografías.

Federico García Lorca y Manuel de Falla
Continuando nuestro paseo por el centro de Órgiva, nos encontramos con dos figuras que seguramente reconoceréis: Federico García Lorca y Manuel de Falla. Están representados a tamaño real, en bronce, como si estuvieran dando un paseo juntos por el pueblo. La escultura se encuentra en la plaza García Moreno y es obra de José Vera, el mismo escultor orgiveño del busto de Don Quijote, que quiso dejar unidos a estos dos grandes nombres de la cultura andaluza.
Pero ¿qué relación tenían Lorca y Falla con Órgiva para que estén aquí representados? Pues resulta que ambos conocieron la Alpujarra y visitaron esta zona en distintas ocasiones. La familia de Lorca solía pasar temporadas en Lanjarón, donde su madre acudía a tomar las aguas del balneario, y durante aquellas estancias Federico aprovechaba para recorrer otros pueblos de la comarca, entre ellos Órgiva.
Una de esas visitas tuvo lugar a comienzos de enero de 1926, cuando Lorca y Falla recorrieron parte de la Alpujarra acompañados de otros amigos: José Manuel Segura, Antonio de Luna y Rafael Aguado. No se conserva constancia escrita del itinerario exacto que siguieron, pero sí han llegado hasta nosotros algunas fotografías de aquella excursión.
La más conocida se tomó en la antigua Plaza del Horno de Órgiva. En ella aparecen Falla, Lorca y sus compañeros rodeados de un grupo de niños, junto a una fuente que, con el paso de los años, ha cambiado de emplazamiento y que hoy se conserva desmontada. Cuesta imaginar que aquella escena, captada hace un siglo, siga despertando tanta curiosidad.
Y aquí viene una historia que nos parece especialmente interesante. Durante años, la fotografía se identificó como una imagen tomada en Guadix, durante un supuesto viaje veraniego de 1926. Sin embargo, el historiador local Juan González Blasco defendió que en realidad correspondía a Órgiva. En 2021, el diario The Olive Press publicó esta investigación y explicó algunos de los motivos que respaldaban esa identificación, entre ellos la ropa de abrigo que llevaban los protagonistas. La imagen aparece también identificada como tomada en Órgiva en el proyecto Universo Lorca.
Las esculturas se inauguraron el 28 de febrero de 2018, coincidiendo con el Día de Andalucía. Durante el acto se interpretó, adaptada a guitarra, una mazurca que, según la tradición recogida por el historiador Juan González Blasco, compuso Falla y estrenó al piano el propio Lorca durante una de sus visitas a Órgiva. Un detalle que nos parece una forma muy bonita de recordar la relación entre ambos artistas y este rincón de la Alpujarra.
Y lo cierto es que encontrarnos con estas figuras durante el paseo nos permite descubrir una faceta de Órgiva que va más allá de su arquitectura alpujarreña: su vínculo con la literatura, la música y algunos de los nombres más importantes de nuestra cultura.

Molino de Benizalte
El Molino de Benizalte lo conocemos de visitas anteriores, aunque en esta última escapada no llegamos a acercarnos hasta allí. Lo dejamos apuntado para otra ocasión.
Se encuentra a las afueras del pueblo, al otro lado del río Chico, y se suele fechar en el siglo XVI, aunque algunos estudios locales lo sitúan algo más tarde, a finales del XVII. Sea como sea, nos habla de la importancia que tuvo el cultivo del olivo y la producción de aceite en esta zona de la Alpujarra. Según una de las fuentes que hemos consultado, el pago de Benizalte producía más de 300 arrobas de aceite al año durante los siglos XV y XVI.
El edificio conserva la estructura de un antiguo molino aceitero de estilo mudéjar, organizado alrededor de un patio y con espacios destinados a la molienda, las prensas y el almacenamiento. Entre sus elementos más llamativos destacan la portada de ladrillo con arco de medio punto y la hornacina situada en la torre de contrapeso, donde, según cuentan, se veneró a la Virgen de las Nieves.
Aunque esta vez no lo hemos visitado, nos parece un lugar interesante para quienes quieran conocer un poco más del patrimonio histórico de Órgiva. Eso sí, antes de acercaros os aconsejamos preguntar en la Oficina de Turismo, en la Plaza de la Alpujarra, para saber si se puede visitar y evitar llevaros una sorpresa.
Senderismo en Órgiva: dos rutas para descubrir su entorno
Si hay algo que también merece la pena hacer en Órgiva es salir a caminar por sus alrededores. En este caso os vamos a recomendar dos rutas que conocemos bien porque las hemos realizado nosotros y que nos parecen muy diferentes, pero igualmente interesantes.
Una es un paseo bonito y bastante asequible para disfrutar en familia, mientras que la otra requiere algo más de esfuerzo, aunque recompensa la subida con unas vistas espectaculares de Órgiva y Sierra Nevada.
Ruta de los Olivos Centenarios
La Ruta de los Olivos Centenarios es una de esas caminatas que recomendamos especialmente si vais con niños. Es un recorrido circular que sale de la propia Plaza de la Alpujarra y que, según los datos que hemos consultado, ronda los 7,5 kilómetros, con unas dos horas de marcha y poco desnivel. Nos lleva desde el pueblo hasta el entorno del río Guadalfeo, pasando por algunos rincones con mucha historia, como el Puente de los Siete Ojos y el Molino de Benizalte.
Y, como su nombre indica, aquí los protagonistas son los olivos. Por el camino encontramos árboles de troncos enormes y retorcidos, y en alguna de las fincas hay más de una veintena de ejemplares centenarios. Es una ruta para disfrutar del paisaje sin necesidad de afrontar grandes desniveles ni recorridos complicados. A medida que nos alejamos del núcleo urbano, vamos descubriendo otra cara de Órgiva, más ligada al agua, a los antiguos molinos y a la vida que durante siglos se desarrolló junto al río.
Un detalle práctico: buena parte del recorrido discurre por caminos rurales, aunque también hay algunos tramos de asfalto u hormigón. Además, la señalización puede resultar algo confusa en ciertos puntos, así que merece la pena llevar el track descargado en el móvil.
A nosotros nos parece una opción estupenda para pasar un rato en contacto con la naturaleza y conocer parte del patrimonio del municipio mientras caminamos. Si buscáis un paseo bonito para hacer en familia, esta es una de las rutas que merece la pena tener en cuenta.

Ruta de los Mineros
La Ruta de los Mineros es bastante diferente. Este sendero recupera el camino que utilizaban los mineros de Órgiva para subir a trabajar a las minas de la Sierra de Lújar. Por eso, además de permitirnos disfrutar del paisaje, nos acerca a una parte importante de la historia de la zona.
La ruta comienza en el entorno del Barranco del Castillejo y, desde el principio, hay que tener en cuenta que el desnivel la hace mucho más exigente que la anterior. Los tracks que hemos consultado rondan los 9 kilómetros y los 575 metros de desnivel positivo, aunque existen variantes más largas.
El primer tramo, de unos tres kilómetros, es el más duro. Es un sendero que gana altura muy rápidamente y, justo antes de llegar arriba, nos espera un último repecho con bastante pendiente. No es la opción que elegiríamos para un paseo tranquilo con niños pequeños, especialmente si no están acostumbrados a caminar por senderos con subidas exigentes.
Eso sí, el esfuerzo tiene su recompensa. Arriba nos espera el Mirador de los Mineros y, durante el recorrido, podemos contemplar unas vistas espectaculares de Órgiva y de Sierra Nevada. La bajada se realiza por una pista más cómoda, desde la que podemos seguir disfrutando del paisaje con otro ritmo.

Un poco de historia minera
Y como esta ruta tiene tanto de historia como de senderismo, merece la pena saber por dónde caminamos.
La minería en la Sierra de Lújar se remonta a tiempos antiguos. Aunque algunos historiadores han relacionado sus primeros aprovechamientos con fenicios y griegos, las evidencias apuntan a una actividad minera de época romana, centrada especialmente en el plomo, aunque también se extrajeron otros minerales, como la plata y el cobre.
El gran impulso llegó en el siglo XIX, cuando la liberalización de la minería favoreció la llegada de nuevas sociedades y explotaciones. A finales de ese siglo, la sierra llegó a contar con 59 minas de plomo, cinco de cobre y alrededor de 2.000 trabajadores. Aquella actividad transformó la economía de Órgiva y atrajo a empresas vinculadas a familias malagueñas, como los Heredia, los Larios y los Huelin, y granadinas, como los Rodríguez Acosta.
Más adelante destacó la sociedad Minas y Plomos de Sierra Lújar, con el ingeniero belga Luis Pelsmaeker al frente de la actividad minera durante una etapa importante de su historia. Según las fuentes locales, también tuvo una faceta social y colaboró con las escuelas públicas del municipio.
La vida de los mineros era dura. No existía un poblado minero organizado como tal, sino pequeños asentamientos repartidos por la sierra. Muchos trabajadores alternaban las labores del campo con el trabajo en la mina, en temporadas que se conocían como «varadas». Para llegar hasta las explotaciones, recorrían a pie el camino que hoy podemos seguir nosotros durante esta ruta.
La crisis del plomo a comienzos del siglo XX provocó el abandono de numerosas explotaciones. La actividad minera continuó durante décadas y, con la llegada de nuevas técnicas de explotación, la fluorita fue ganando importancia. La historia de estas minas está ligada a la evolución económica de Órgiva y a una forma de vida que dejó una huella profunda en el municipio.
Si os gusta el senderismo y estáis acostumbrados a afrontar recorridos con desnivel, esta ruta es una magnífica manera de descubrir el entorno de Órgiva desde otra perspectiva, siguiendo los pasos de quienes recorrían estos caminos para llegar a la mina.
Dónde comer en Órgiva
Esta vez no nos quedamos a comer en Órgiva, pero conocemos el pueblo de otras visitas y tenemos algunos sitios en mente por si vais a pasar aquí unas horas.
Uno de ellos es la Tetería Baraka, un lugar que recordamos de visitas anteriores y que destaca por su cocina de inspiración árabe, con muchas opciones vegetarianas y veganas, aunque también sirven carne. Tienen una buena selección de tés, que van muy bien para acompañar alguna de sus tartas y postres. Es un sitio con personalidad propia, de esos que encajan con el ambiente diverso y alternativo que se respira en Órgiva. Eso sí, tened en cuenta que no sirven alcohol.
Si os gusta el buen pan y la repostería, os recomendamos acercaros a Nur Bakery, una panadería ecológica que recordamos especialmente por la calidad de sus productos. Elaboran pan de masa madre y tienen una repostería espectacular, con dulces árabes como el baklava, además de algunas opciones veganas y sin gluten. Si necesitáis productos sin gluten, mejor preguntad antes para confirmar qué tienen disponible. Es uno de esos sitios que conviene tener apuntados si visitáis Órgiva, aunque solo sea para llevaros algo rico para el camino.
Si preferís una comida más tradicional, otra posibilidad es el Mesón El Viejo Molino, que aparece recomendado en guías por su cocina de la zona y que nosotros recordamos por sus carnes a la brasa y sus tapas. Por la comarca es fácil encontrar platos como el puchero de hinojos, el choto al colorín o las migas con sémola, así que vale la pena preguntar por las especialidades de la casa.
Y si buscáis una propuesta más centrada en la cocina vegetal, podéis tener en cuenta La Milpa, un local pequeño con platos veganos y crudiveganos y un menú que va cambiando. Según la información que hemos encontrado, su horario se concentra en la mañana y hasta el mediodía, y conviene llevar efectivo. Como estos detalles pueden cambiar, os recomendamos confirmarlos antes de ir.
Como siempre, os recomendamos comprobar los horarios antes de visitar cualquiera de estos sitios, especialmente si vais a Órgiva fuera de temporada o entre semana. Así podréis organizar la parada a vuestro gusto y disfrutar también de la gastronomía del pueblo.
Dónde dormir en Órgiva
Si estáis pensando en pasar una o varias noches en Órgiva, vais a encontrar bastantes posibilidades para elegir alojamiento. Desde hoteles y hostales en el propio pueblo hasta casas rurales y cortijos en los alrededores, hay opciones para quienes prefieren tenerlo todo a mano y para los que buscan tranquilidad y contacto con la naturaleza.
Entre los alojamientos del núcleo urbano podéis encontrar el Hotel Mirasol, el Hotel Puerta Nazarí y el Hostal El Semáforo. Otra posibilidad es el Hotel Taray Botánico, situado en un entorno más tranquilo, con jardín y piscina, para quienes buscan una estancia en la que también puedan disfrutar del alojamiento.
Si preferís algo más rural, podéis echar un vistazo a Cortijo Puerta, que ofrece casas rurales con jardín y piscina de temporada, o a la Casa Rural Jazmín, otra alternativa en Órgiva. En los alrededores también hay otros cortijos y alojamientos rurales, así que merece la pena comparar las opciones según el tipo de escapada que tengáis en mente.
Y si viajáis en autocaravana, a la entrada del pueblo se encuentra el área privada Entre Sierra y Mar. Podéis consultar allí las condiciones de pernocta y los servicios disponibles antes de llegar. No hemos podido confirmar que exista un área municipal habilitada para pasar la noche, por lo que, si buscáis una alternativa pública, os recomendamos preguntar en la Oficina de Turismo.
Cómo llegar a Órgiva y dónde aparcar
Llegar a Órgiva es bastante sencillo desde las principales ciudades andaluzas. Su ubicación, a las puertas de la Alpujarra granadina, hace que sea un buen punto de partida para conocer esta comarca y sus pueblos.
Si venís desde Granada, tendréis que tomar dirección Motril por la autovía y seguir las indicaciones hacia Vélez de Benaudalla y Órgiva. Desde ahí, el recorrido os llevará hasta el pueblo, atravesando un paisaje que poco a poco nos va acercando a las montañas de la Alpujarra.
Desde Málaga, podéis seguir la autovía de la costa en dirección a Almería hasta enlazar con la autovía hacia Granada a la altura de la costa granadina. Después tendréis que continuar hacia Órgiva por el acceso señalizado a la Alpujarra.
Si salís desde Almería, el camino más habitual es seguir la autovía hacia Motril y Granada y tomar después el desvío hacia Órgiva. Y si vuestro punto de partida es Jaén, podéis dirigiros hacia Granada y continuar por la autovía en dirección a Motril hasta encontrar el acceso a la Alpujarra.
Una vez en Órgiva, no deberíais tener demasiados problemas para aparcar. Hay varios aparcamientos públicos gratuitos repartidos por el pueblo, así que podéis dejar el coche y recorrer sus calles a pie sin necesidad de moverlo constantemente. Entre las zonas de estacionamiento que podéis buscar están las de la calle Profesor Lora Tamayo, la calle Fuente Mariano y el entorno de Huerta Palencia.
Conviene tener en cuenta que algunos espacios pueden tener restricciones puntuales. Por ejemplo, el aparcamiento del centro se utiliza para el mercado semanal, por lo que os recomendamos prestar atención a las señales para evitar sorpresas. Si visitáis Órgiva durante alguna fiesta o celebración, también puede haber zonas habilitadas temporalmente para facilitar el estacionamiento.
Nuestra recomendación es dejar el coche en uno de estos aparcamientos y comenzar la visita tranquilamente a pie. Así podréis callejear sin prisas y descubrir los rincones de Órgiva a vuestro ritmo.
Fiestas y tradiciones de Órgiva
Órgiva tiene varias celebraciones a lo largo del año, algunas muy ligadas a sus tradiciones religiosas y otras en las que el pueblo se llena de ambiente. Si vuestra visita coincide con alguna de estas fechas, podéis aprovechar para conocer una faceta diferente de la localidad.
Cristo de la Expiración
Es una de las celebraciones más importantes de Órgiva y tiene lugar el viernes anterior al Viernes de Dolores. La procesión del Cristo de la Expiración es muy conocida en la localidad, especialmente por el sonido de los tambores y las trompetas y por los cohetes que acompañan el recorrido. Es una tradición muy arraigada entre los vecinos y una de las fechas más señaladas del año.
San Sebastián
Cada 20 de enero se celebra San Sebastián, patrón de Órgiva. La jornada incluye los actos religiosos y la procesión en honor al santo, una tradición que se mantiene viva con el paso de los años y que forma parte de las costumbres del pueblo.
Reales Ferias y Fiestas de Órgiva
A finales de septiembre, en torno a San Miguel, llegan las fiestas populares de Órgiva. Durante esos días se organizan actividades, conciertos y propuestas para todos los públicos. Entre los actos más conocidos están el concurso de migas y las carreras de cintas a caballo, que mantienen vivas algunas de las tradiciones locales.
Feria «Hecho en la Alpujarra»
Coincidiendo habitualmente con la Semana Santa, Órgiva acoge la feria «Hecho en la Alpujarra», una cita en la que se reúnen artesanos y productores de distintos puntos de la comarca. En sus puestos podemos encontrar productos gastronómicos como quesos, embutidos y dulces, además de piezas de artesanía y otros trabajos tradicionales. Es una buena oportunidad para conocer lo que se elabora en la Alpujarra y llevarse algún producto de la zona.
Si tenéis pensado visitar Órgiva durante alguna de estas celebraciones, os recomendamos consultar las fechas y la programación del año correspondiente, ya que algunos actos pueden variar.
Nos despedimos de Órgiva
Y llega el momento de despedirnos de Órgiva, un pueblo al que merece la pena dedicarle tiempo y que nos abre las puertas de la Alpujarra granadina.
Pasear por sus calles, descubrir sus rincones y detenernos a observar la vida que transcurre a nuestro alrededor nos recuerda por qué nos gusta tanto recorrer los pueblos de nuestra tierra. A veces buscamos grandes monumentos o paisajes que nos dejen con la boca abierta, pero otras veces basta con encontrar un lugar con personalidad propia, donde apetece caminar sin prisas y dejar que la visita nos sorprenda.
Órgiva, además, tiene algo especial por su ubicación. Aquí empieza ese mundo de carreteras que se adentran entre montañas, pueblos blancos y caminos que nos invitan a seguir descubriendo la Alpujarra. Y eso, para quienes disfrutamos viajando y buscando nuevos rincones, siempre es una buena excusa para volver.
Nos marchamos con la sensación de que todavía nos quedan cosas por conocer y con ganas de regresar para seguir explorando esta comarca que tenemos tan cerca y que nunca deja de ofrecernos nuevos motivos para salir de casa.
Porque al final, de eso se trata: de disfrutar del camino, de descubrir lugares nuevos y de guardar pequeños recuerdos que nos acompañen mucho después de haber vuelto a casa.
Nos vemos en los senderos!!!

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