
Hay destinos que elegimos porque llevamos tiempo queriendo conocerlos y otros que aparecen casi sin querer. Frailes pertenece más bien al segundo grupo.
Esta zona de Jaén todavía es bastante desconocida para nosotros. Hasta ahora, lo poco que habíamos hecho por aquí había sido acercarnos a Alcalá la Real para salir de senderismo, así que cuando decidimos poner rumbo a Frailes íbamos un poco a la expectativa.
No sabíamos muy bien qué nos íbamos a encontrar.
Salimos de Motril con tranquilidad y comenzamos nuestro camino hacia este pequeño pueblo de la Sierra Sur de Jaén. La carretera hasta llegar a la zona nos resultó bastante cómoda y tranquila, aunque aquí tengo que hacer una pequeña advertencia sobre el GPS.
Porque nuestro navegador decidió llevarnos por unos caminos bastante estrechos que, sinceramente, no entendíamos muy bien a cuento de qué venían. En algún momento hasta pensamos que quizá estábamos siguiendo algún antiguo camino real o una ruta alternativa, porque aquello cada vez se parecía menos a la carretera que esperábamos encontrar.
Después descubrimos que no hacía falta complicarse tanto la vida. Si vais desde nuestra zona, lo más sencillo es llegar primero hasta la entrada de Alcalá la Real y, desde allí, continuar hacia Frailes. Mucho más cómodo y sin necesidad de meterse por los caminos por los que nos llevó nuestro querido GPS.
Pero bueno, también forma parte del viaje. Y después de aquel pequeño rodeo conseguimos llegar finalmente a Frailes.
Y entonces llegó la primera sorpresa. Nos encontramos con un pueblo pequeño, cuidado y, sobre todo, con muchas ganas de que la gente venga a conocerlo. Se nota que aquí hay interés por mantener el pueblo bonito, por poner en valor sus calles y por hacer cosas para que Frailes tenga vida y resulte atractivo para quien decide acercarse hasta aquí.
Y eso nos gustó desde el primer momento.
Nada más llegar dejamos el coche y, como hacemos casi siempre, cámara en mano nos dispusimos a descubrir Frailes a pie.
Sin prisas y sin una lista cerrada de lugares que visitar.
Porque después de todo, esa es la parte que más nos gusta de estos viajes: empezar a caminar y dejar que el propio pueblo nos vaya diciendo por dónde seguir.
Qué ver en Frailes
Y ahora sí, tocaba descubrir Frailes. Después de dejar el coche y coger nuestras cámaras, comenzamos a caminar por el pueblo. Y lo primero que empezamos a notar fue una presencia que se repetía una y otra vez: el agua.
Porque si algo descubrimos durante nuestro paseo es que el agua forma parte de la historia y de la vida de Frailes. Fuentes, nacimientos y pequeños rincones ligados al agua nos fueron acompañando desde el principio, y poco a poco fuimos entendiendo por qué este pueblo está tan unido a ella.
Así que vamos a recorrer Frailes con calma y a conocer qué podemos ver en este pequeño rincón de la Sierra Sur de Jaén.
Plaza de Toros de Frailes
Desde donde habíamos comenzado nuestra visita fuimos subiendo por la calle Dean Mudarra, camino de la parte alta del pueblo.
Empezamos a ver casas con ese aire de otras épocas, algunas con un aspecto más señorial, pero sobre todo muy cuidadas. Macetas, plantas, fachadas arregladas y pequeños detalles que hacían que mereciera la pena ir despacio y mirar a nuestro alrededor.
Uno de los primeros rincones que nos llamó especialmente la atención fue la calle Parrizas.
Llegamos prácticamente hasta el final de la calle y allí nos encontramos con una casa que estaba preciosa. Estaba llena de macetas y de pequeños detalles y, como no podía ser de otra manera, cámara en mano nos paramos a hacer unas cuantas fotos.
Pero la cosa no quedó ahí. Seguimos subiendo por una cuesta y llegamos a otra calle donde volvimos a encontrarnos con lo mismo: casas muy cuidadas, muchas plantas y rincones decorados con muchísimo mimo.
Fue por aquí donde encontramos algo que nos llamó especialmente la atención: unas telas bordadas con motivos de punto de cruz tendidas de una fachada a otra, como si fueran pequeños toldos sobre la calle.
Nos parecieron chulísimas. Son esas cosas que no vas buscando cuando haces una visita, pero que luego terminan siendo de lo que más recuerdas.
También vimos algunas placas relacionadas con premios a las calles mejor decoradas de Frailes, y viendo cómo estaban algunas de estas calles, la verdad es que no nos extrañó nada.
Fue entonces cuando descubrimos que toda esta zona, que en el callejero aparece como calle Santo Rostro, es conocida como la Plaza de Toros de Frailes.
Y aquí viene la curiosidad, porque cuando escuchas «Plaza de Toros» lo primero que piensas es precisamente eso: un recinto donde se celebraban corridas. Pero aquí no hay ningún ruedo.
El nombre viene de que, antiguamente, las ganaderías de toros bravos pasaban por este ensanchamiento de la calle durante su trashumancia entre Sierra Morena y Sierra Nevada. Una historia que nosotros no conocíamos y que nos hizo mirar de otra manera aquel rincón por el que acabábamos de pasar.
Porque hoy lo que encontramos allí es muy diferente. En lugar de toros atravesando sus calles, vimos fachadas cuidadas, macetas, flores y vecinos que se preocupan por mantener bonito su entorno.
A nosotros esta parte de Frailes nos encantó. No solo por las casas y por la decoración, sino porque se respira ese cuidado por el pueblo que ya habíamos empezado a notar nada más llegar.
Y quizá sea precisamente eso lo que más nos gusta cuando callejeamos por estos pueblos: encontrarnos con rincones que no esperábamos y descubrir que detrás de una calle aparentemente tranquila puede haber toda una historia.

Plaza del Nacimiento
Seguimos caminando por Frailes y llegamos a uno de los rincones que más nos gustaron del pueblo: la Plaza del Nacimiento.
Y aquí nos encontramos con un lugar de esos en los que apetece quedarse un rato.
Lo primero que nos llamó la atención fue el propio nacimiento. El agua brota de una pequeña cueva, con la entrada en ladrillo visto, y desde allí empieza su recorrido por la plaza hasta llegar al lavadero.
El conjunto nos pareció precioso.
Todo está muy cuidado y no falta detalle. Hay plantas, macetas, algunos bancos donde poder sentarse y hasta una pequeña estatua de una cabrita que nos pareció de lo más simpática.
Pero si hay algo que hace especial a este rincón es el agua. Nos quedamos un rato simplemente escuchándola mientras recorría la plaza camino del lavadero. Después de estar callejeando y subiendo por las calles de Frailes, encontrar un sitio así fue una auténtica maravilla.
El lavadero, además, nos pareció muy chulo. Y aquí empezamos a preguntarnos para qué se habría usado antiguamente, así que nos pusimos a investigar un poco.
Y resulta que este conjunto estuvo ligado durante muchos años a la vida cotidiana del pueblo. El agua del nacimiento no solo servía para abastecer a los vecinos, también se utilizaba para regar la vega, y el lavadero llegó a funcionar como abrevadero para las caballerías. Hoy todo aquello ha cambiado, pero el agua sigue siendo la protagonista.
Aprovechamos uno de los bancos para parar un poco y disfrutar tranquilamente del lugar.
La verdad es que la Plaza del Nacimiento nos encantó.
Es uno de esos rincones que quizá no esperas encontrar cuando llegas a un pueblo por primera vez, pero que terminan quedándose en el recuerdo. Un nacimiento de agua, un lavadero, unas plantas, una pequeña cabrita y un entorno cuidado con muchísimo mimo.
Y mientras estábamos allí empezamos a entender todavía mejor por qué en Frailes el agua no es simplemente un elemento más del paisaje: forma parte de la historia y de la vida del pueblo.

Ermita de la Virgen de las Angustias
Seguimos con nuestro paseo por Frailes y llegamos a uno de esos lugares que ya nos habían llamado la atención desde abajo.
La Ermita de la Virgen de las Angustias está encaramada sobre una ladera y se ve perfectamente desde diferentes puntos del pueblo. La imagen de la ermita allí arriba, dominando Frailes, nos pareció preciosa, así que decidimos acercarnos hasta ella.
Para llegar tuvimos que tomar primero un camino que, sinceramente, nos pareció más propio de un paso agrícola que del acceso a una ermita.
Pero seguimos adelante.
Al poco encontramos un camino que salía hacia la izquierda y que nos llevó directamente hacia la ermita. Y aquí apareció otro detalle que nos gustó mucho: el recorrido está acompañado por cruces blancas colocadas cada ciertos metros.
Son las catorce estaciones del Vía Crucis que conducen hasta la ermita.
A medida que íbamos subiendo, el pueblo iba quedando cada vez más abajo y el entorno nos gustaba más. Dejamos atrás las calles de Frailes y comenzamos a caminar por la ladera, rodeados de vegetación y con la ermita cada vez más cerca.
Y cuando llegamos arriba, la verdad es que mereció la pena.
El entorno es precioso y las vistas sobre Frailes son espectaculares. Desde aquí arriba se puede ver prácticamente todo el pueblo, y después de haberlo recorrido a pie, verlo desde esta perspectiva nos permitió darnos cuenta todavía mejor de cómo está construido sobre la ladera.
Además, la propia ermita, vista desde abajo, ya nos había parecido bonita. Pero estar allí arriba, con el pueblo a nuestros pies y todo el paisaje alrededor, fue otra historia.
Nos quedamos un rato disfrutando de las vistas y del entorno.
Y es curioso cómo cambia la percepción de un lugar cuando primero lo recorres callejeando y después tienes la oportunidad de verlo desde las alturas.
Frailes nos estaba gustando cada vez más.

Ermita de San Antonio
Después de bajar de la ermita, seguimos caminando por Frailes buscando la Ermita de San Antonio.
Y la verdad es que casi nos la pasamos de largo.
Está prácticamente incrustada entre las casas, tan integrada en el pueblo que, si no vas pendiente de ella, puede pasar desapercibida.
Cuando la vimos nos sorprendió lo pequeña que era, pero también lo bonita que resultaba.
Nos acercamos y vimos que la puerta no estaba cerrada. Simplemente había que quitar el pestillo, así que no nos lo pensamos y entramos a echar un vistazo.
Por dentro es todavía más pequeña. Los bancos están colocados uno detrás de otro, dejando una estancia estrecha, pero precisamente eso le da un encanto especial.
Todo resulta muy sencillo, pero a nosotros nos pareció precioso.
Nos quedamos un rato allí dentro, disfrutando de ese pequeño espacio que casi se nos había escapado entre las casas.
Y es curioso, porque seguramente si hubiéramos ido buscando una gran ermita o un edificio llamativo, quizá no le habríamos prestado tanta atención.
Pero encontrarnos con esta pequeña Ermita de San Antonio casi por casualidad fue una de esas sorpresas que tanto nos gustan cuando vamos callejeando por un pueblo.
No sabemos si son los propios vecinos quienes se encargan de mantenerla, así que prefiero no afirmarlo sin comprobarlo. Pero se nota que es un lugar cuidado y querido.

Parroquia de Santa Lucía Mártir
Seguimos caminando por Frailes y fue así como descubrimos la Parroquia de Santa Lucía Mártir.
Aquí nos encontramos con una parte del pueblo bastante más abierta. La iglesia tiene delante una plaza amplia y, en uno de sus laterales, otro espacio también bastante grande, así que desde aquí pudimos verla con tranquilidad.
La verdad es que nos pareció una iglesia muy bonita.
Estaba cerrada, pero vimos que una de las puertas permanecía abierta y, a través de un cristal, se podía ver el interior. Así que, aunque no pudimos entrar, al menos pudimos echar un vistazo desde allí.
Y justo en uno de los laterales encontramos otro de esos detalles que hacen que nos paremos con la cámara en la mano.
Una fuente que sale de una roca.
Después de haber estado en la Plaza del Nacimiento y de ir encontrándonos agua por diferentes rincones de Frailes, ya empezábamos a entender por qué se habla de este pueblo como la Villa del Agua.
Esta es la Fuente de la Iglesia y, aunque hoy tiene un aspecto muy cuidado, nos llamó especialmente la atención esa parte de piedra natural que queda al descubierto.
Nos pareció un rincón muy curioso y, como no podía ser de otra manera, también hicimos unas cuantas fotos.
Nos quedamos un rato por allí, disfrutando de la plaza y de la iglesia antes de continuar nuestro paseo.
Y es que a estas alturas de la visita ya nos estaba quedando bastante claro que en Frailes el agua aparece cuando menos te lo esperas.

El río Velillos, la tirolina y el puente colgante
Desde aquí seguimos bajando hasta llegar a la parte más baja del pueblo.
Y aquí nos encontramos con una de las zonas que más nos gustaron de Frailes.
El río atraviesa el pueblo y, a su alrededor, encontramos una zona llena de vegetación que nos sorprendió muchísimo. Lo bonito es que todo está perfectamente integrado con las calles: por un lado tienes las casas y el pueblo, y por otro aparece el río con toda esa vegetación acompañándolo.
Desde abajo pudimos ver la tirolina y el puente colgante, que cruzan por encima del río.
Nos pareció una imagen muy chula, sobre todo porque no esperábamos encontrarnos algo así dentro del propio pueblo.
Nos acercamos hasta el Ayuntamiento para intentar averiguar si el puente se podía cruzar y allí vimos un cartel en el que se indicaba que una empresa de actividades de aventura se haría cargo de la gestión.
La verdad es que no pudimos comprobar si esa información seguía vigente en ese momento, así que preferimos no asegurarlo.
Lo que sí pudimos hacer fue disfrutar de la zona desde abajo, y la verdad es que mereció mucho la pena.
El río, la vegetación, el puente y la propia estructura del pueblo alrededor forman un conjunto muy curioso.
Después de todo lo que habíamos ido descubriendo durante la visita, volvía a aparecer el agua como protagonista, pero esta vez de una manera diferente.
Y nos gustó mucho esa mezcla entre naturaleza y pueblo, porque aquí no tienes que salir de Frailes para encontrarte con ella.
Simplemente sigues caminando y, de repente, aparece el río.

Senderismo en Frailes
Y si después de recorrer Frailes a pie todavía os quedan ganas de seguir caminando, el pueblo también tiene varias opciones para adentrarse en la naturaleza.
Nosotros no hicimos una ruta de senderismo completa durante esta visita, pero sí descubrimos algo que nos pareció interesante mientras estábamos en la Plaza del Nacimiento.
Desde aquí parten diferentes recorridos señalizados que permiten salir del casco urbano y conocer otra cara de Frailes.
Una de ellas es la Ruta de los Barrancos, un recorrido circular de unos 7,4 kilómetros y dificultad baja que comienza precisamente en la Fuente del Nacimiento. El camino va dejando atrás poco a poco las calles del pueblo para acercarse a zonas de vegetación, arroyos y antiguos caminos, pasando entre otros lugares por el Puente de la Presilla y el arroyo de Los Barrancos.
También existe un Recorrido Permanente de Orientación que parte del mismo lugar y que nos parece una opción curiosa para quienes quieran conocer Frailes de una manera diferente. El recorrido va enlazando algunos de los rincones que hemos ido viendo durante nuestra visita, además de fuentes, manantiales, senderos y zonas naturales.
Así que ya sabéis.
Si os gusta caminar y queréis alargar la visita, Frailes no termina cuando dejamos atrás sus calles.
El pueblo es solo el comienzo.
Dónde comer en Frailes
Sobre las doce del mediodía, después de varias horas caminando por Frailes y con un día bastante caluroso, decidimos hacer una parada para descansar un poco.
Así que nos fuimos hasta el Restaurante Angelillo y nos sentamos en su terraza.
Y aquí tengo que decir que, como buen granadino, unas buenas tapas siempre son una opción estupenda.
Nos tomamos varias bebidas y fuimos picando algunas cosas, entre ellas un jamón que estaba de otra liga. ¡Qué cosa más rica!
También probamos el salpicón de marisco, que estaba igualmente muy bueno.
El Restaurante Angelillo forma parte de la oferta gastronómica tradicional de la Sierra Sur de Jaén, y la verdad es que nosotros salimos bastante contentos con lo que probamos.
Pero lo mejor fue poder sentarnos un rato en la terraza. Corría un fresquito que, después del calor que habíamos pasado durante el recorrido, nos sentó de maravilla.
La verdad es que la parada nos sentó genial.
Un rato de descanso, algo fresquito y unas buenas tapas antes de continuar con nuestro día en Frailes.
Dónde dormir en Frailes
Si os apetece quedaros a dormir por la zona, el pueblo cuenta con varias opciones de alojamiento rural.
Y después de conocer Frailes, creo que alojarse aquí puede ser una buena manera de disfrutarlo con algo más de calma y, sobre todo, de aprovechar también el entorno natural que lo rodea.
Una de las opciones que más nos ha llamado la atención es Casa Mariquilla, una antigua casa-bodega situada en el centro del pueblo, junto al puente del río Chorrillo. La vivienda conserva parte de su construcción tradicional y desde aquí se pueden hacer rutas de senderismo y disfrutar de algunos de los rincones naturales que hemos ido descubriendo durante nuestra visita.
Otra posibilidad es La Veguetilla, situada dentro del casco urbano pero en una zona rodeada de naturaleza. Cuenta con piscina, aparcamiento y espacio exterior, y su ubicación permite combinar la estancia con actividades como senderismo o ciclismo.
También encontramos otros alojamientos rurales como Ardales, El Sereno, El Corcel, Torre Chica o El Espinar, por lo que hay diferentes opciones dependiendo de si buscáis quedaros en el pueblo o preferís un entorno más rural.
El agua, la esencia de Frailes
Durante nuestro paseo por Frailes nos fuimos encontrando con el agua una y otra vez. Primero fue la Plaza del Nacimiento, después la fuente que vimos junto a la iglesia y, más tarde, el río atravesando la parte baja del pueblo. Al principio no le dimos más vueltas. Simplemente nos iba llamando la atención encontrarnos agua en tantos rincones.
Pero después, cuando nos pusimos a investigar un poco sobre Frailes, entendimos que no era casualidad.
El agua forma parte de la historia y de la vida de este pueblo hasta tal punto que el propio Ayuntamiento lo conoce como la Villa del Agua y define el agua como la esencia de Frailes.
Y ahora empezaban a encajar muchas cosas de las que habíamos ido viendo durante el paseo.
Las fuentes que aparecen repartidas por las calles no están ahí simplemente como elementos decorativos. Durante muchos años fueron lugares fundamentales para la vida diaria de los vecinos. Servían para recoger agua para las casas, para dar de beber a los animales y, en algunos casos, también para regar las huertas.
En 1958 incluso se decidió llevar el agua desde el Nacimiento hasta las zonas más alejadas del pueblo, construyendo una serie de pilares que también servían como abrevaderos.
Y la historia va todavía más allá. El agua del Nacimiento movía antiguamente molinos harineros y almazaras y también llegaba hasta los lavaderos, donde las mujeres acudían a hacer la colada mientras los animales podían beber en el mismo entorno.
Y cuando uno conoce todo esto después de haber estado allí, empieza a mirar Frailes de otra manera.
Porque esa fuente que encontramos junto a la iglesia, aquel nacimiento que nos hizo parar un rato o el río que vimos atravesando el pueblo dejan de ser simples rincones bonitos. Forman parte de la historia del lugar.
Incluso el antiguo balneario de Frailes nació precisamente de esa riqueza en aguas. Sus aguas sulfurosas fueron aprovechadas durante siglos y, especialmente entre el siglo XIX y comienzos del XX, el Balneario de Ardales llegó a convertirse en un importante lugar de veraneo, con casas para alojarse y hasta instalaciones como campo de tenis, frontón, tiro de pichón y cinematógrafo.
Pero aquella época de esplendor terminó con la Guerra Civil.
El balneario cerró al comenzar la guerra y los bombardeos destruyeron buena parte de aquella antigua estación veraniega. Hoy apenas quedan algunos vestigios de lo que llegó a ser aquel lugar. Y quizá sea precisamente eso lo que más nos llamó la atención al conocer su historia.
Porque cuesta imaginar que alrededor de estas aguas existiera en otro tiempo un lugar de veraneo tan importante, con tanta vida y tantas instalaciones.
Así que después de conocer un poco mejor esta historia entendimos que el agua no es solo algo que aparece de vez en cuando mientras caminas por Frailes.
Está presente en el paisaje, en las calles, en las fuentes, en los antiguos lavaderos, en los molinos y también en la historia de aquel balneario que un día desapareció.
Y quizá por eso nos gusta tanto haber llegado a Frailes sin saber demasiado sobre él.
Porque fuimos descubriendo todo esto poco a poco, mientras caminábamos.
Primero vimos el agua. Después descubrimos su historia.

Fiestas y tradiciones de Frailes
Después de conocer un poco mejor Frailes, también quisimos saber cómo se viven sus fiestas y qué tradiciones siguen formando parte de la vida del pueblo.
Y aquí nos encontramos con algunas historias que nos llamaron especialmente la atención.
Una de ellas es la de Santa Lucía. La iglesia que habíamos visto durante nuestro paseo está dedicada precisamente a ella, y resulta que la fiesta de Santa Lucía tiene detrás una historia curiosa.
La celebración se fue perdiendo con el paso de los años, en buena parte porque por aquellas fechas los vecinos estaban ocupados con la recogida de la aceituna. Pero en los años 60 un grupo de frailes decidió recuperar la tradición. Desde entonces, cada 13 de diciembre Frailes vuelve a celebrar Santa Lucía con una función religiosa y una procesión.
Nos gusta especialmente este tipo de historias porque detrás de una fiesta que hoy puede parecer algo normal hay todo un esfuerzo de los propios vecinos por recuperar algo que estuvo a punto de desaparecer.
Y no es la única tradición que se ha mantenido en Frailes. Durante la Semana Santa todavía se representan los conocidos como “Pasos”, una tradición que se remonta al siglo XVII y en la que son los propios vecinos quienes representan diferentes escenas de la Pasión vestidos con trajes de época. Nos parece una de esas costumbres que hacen que una celebración tenga algo diferente, porque no se trata solamente de asistir a una procesión, sino de participar y mantener viva una tradición que lleva muchos años formando parte de la historia del pueblo.
También hay espacio para la gastronomía.
Cada año se celebra la Jornada Vinícola y Gastronómica, una fiesta que gira alrededor de productos y elaboraciones tradicionales de Frailes. Entre ellos tienen especial protagonismo los productos relacionados con la matanza y los dulces que todavía se elaboran de manera tradicional.
Y junto a estas celebraciones también se siguen recuperando juegos y actividades tradicionales, haciendo que las costumbres de siempre sigan teniendo su espacio dentro de la vida del pueblo.
Al final, eso es lo que más nos gusta de este tipo de fiestas. No se trata solamente de celebrar una fecha concreta en el calendario, sino de conservar pequeñas partes de la historia de Frailes y seguir transmitiéndolas de una generación a otra.
Y viendo cómo se mantienen algunas de estas tradiciones, parece que todavía queda Frailes para rato.
Nos despedimos de Frailes
Y llegó el momento de despedirnos de Frailes.
Después de varias horas caminando por sus calles, subiendo hasta la ermita, descubriendo sus fuentes, siguiendo el río y encontrándonos con rincones que no esperábamos, tocaba volver a casa.
Nos vamos con muy buen sabor de boca. Frailes ha sido una de esas escapadas que empiezan sin demasiadas expectativas y terminan dejándonos con ganas de seguir conociendo esta zona de Jaén.
Nos ha gustado su tranquilidad, sus calles cuidadas, la cantidad de agua que encontramos por el pueblo y, sobre todo, esa mezcla entre patrimonio, naturaleza y vida de pueblo que fuimos encontrando durante el paseo.
Además, nos quedamos con la sensación de que Frailes tiene mucho más alrededor de lo que pudimos conocer en una sola visita.
Entre sus senderos, sus fuentes, el río y los diferentes rincones de la Sierra Sur, nos han quedado unas cuantas cosas pendientes para otra ocasión.
Y eso siempre es una buena señal. Así que nos despedimos de Frailes con la sensación de haber descubierto un pueblo que, hasta hace poco, era bastante desconocido para nosotros.
Quién sabe si volveremos por aquí.
Por nuestra parte, seguro que seguiremos buscando nuevos rincones de Jaén que recorrer.
Nos vemos en los senderos!!!

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