
Salimos de Motril un domingo por la mañana rumbo a Huelma, en la provincia de Jaén, con ganas de descubrir qué ver en Huelma y conocer este rincón de Sierra Mágina.Como no teníamos ninguna prisa, salimos tranquilos, con la idea de disfrutar del camino y, sobre todo, de encontrarnos con una carretera con poco tráfico.
Y la verdad es que el viaje fue bastante agradable. Una de las cosas que más nos gusta de estos desplazamientos es ver cómo va cambiando el paisaje conforme nos alejamos de la costa. Dejamos atrás ese paisaje más verde y salvaje que tenemos por nuestra zona y, poco a poco, fuimos entrando en otro tipo de verde completamente diferente.
El paisaje se iba ordenando hasta convertirse en el característico mar de olivos de Jaén. Kilómetros y kilómetros de olivos perfectamente alineados que nos acompañaron durante buena parte del recorrido.
Aunque tardamos más de una hora y media en llegar, el viaje no se nos hizo pesado. Al contrario, fuimos disfrutando del camino y viendo por el trayecto algunos lugares que nos llamaron la atención y que ya apuntamos mentalmente para futuras visitas.
Porque una cosa que tienen estos viajes es que muchas veces el destino empieza mucho antes de llegar al pueblo. Vas viendo un desvío, un paisaje, algún pueblo en lo alto de una montaña o un lugar que te llama la atención y piensas: «Este nos lo tenemos que apuntar para otro día».
Y así, entre olivos y alguna que otra futura visita pendiente, llegamos finalmente a Huelma.
Nada más llegar decidimos aparcar en la recta que da acceso al pueblo. En esta zona encontramos numerosos negocios y bastante facilidad para dejar el coche, así que nos pareció un buen sitio para comenzar nuestra visita.
Aunque después, mientras recorríamos Huelma, nos dimos cuenta de que tampoco parece especialmente complicado aparcar más cerca del centro. Es un pueblo de calles bastante amplias y, al menos durante nuestra visita, encontramos que aparcar en el propio casco urbano era relativamente sencillo.
Así que dejamos el coche y nos preparamos para comenzar a caminar por Huelma.
Y como ya sabéis, esta es la parte que más nos gusta: dejar el coche atrás y empezar a descubrir el pueblo a pie.
Cómo llegar a Huelma
Huelma se encuentra en la provincia de Jaén, en plena Sierra Mágina, y aunque pueda parecer un destino algo apartado, llegar hasta aquí resulta bastante sencillo gracias a su conexión con las principales carreteras de la zona.
Desde Granada
Desde Granada tenemos una de las opciones más cómodas. Hay que tomar la A-44 en dirección Jaén y continuar hasta enlazar con la A-324, que nos llevará directamente hacia Huelma. Otra posibilidad es llegar desde Granada por la A-92 hasta Darro y, desde allí, continuar por la A-401, que también conduce hacia Huelma.
Desde Jaén
Si llegamos desde Jaén, el recorrido es igualmente sencillo. Tomamos la A-44 en dirección Granada y, posteriormente, el desvío hacia la A-324, que nos acerca directamente a Huelma. La distancia desde Jaén ronda los 45 kilómetros, por lo que es una escapada bastante cómoda para hacer en el día.
Desde Málaga
Desde Málaga tendremos que dirigirnos hacia Granada y continuar después por la A-44 en dirección Jaén. Una vez en esta autovía, tomaremos el enlace con la A-324 hacia Huelma. Es una ruta algo más larga que desde Granada o Jaén, pero permite hacer la visita perfectamente como una escapada de un día.
Desde Almería
Si llegamos desde Almería, podemos tomar la A-92 en dirección Granada y continuar hasta la zona de Darro. Desde allí enlazaremos con la A-401, que nos llevará hacia Huelma. Es también una opción interesante para quienes quieran acercarse a Sierra Mágina desde el este de Andalucía.
Qué ver en Huelma
Huelma es de esos pueblos que merece la pena recorrer sin demasiadas prisas. Su historia ha dejado huella en sus calles y edificios, pero también encontramos otros detalles que no esperábamos y que terminaron llamando nuestra atención durante el paseo.
Y es que, además de sus monumentos y lugares más conocidos, Huelma nos fue descubriendo pequeños rincones que hicieron que la visita resultara mucho más entretenida de lo que imaginábamos.
Parque El Jardín de Huelma
Nuestra visita a Huelma comenzó por el parque El Jardín, uno de los primeros lugares que encontramos al empezar a caminar por el pueblo.
Nada más llegar nos dimos cuenta de que habíamos elegido un día bastante animado para conocer Huelma. El parque estaba lleno de casetas, atracciones y columpios, y enseguida entendimos que habíamos llegado en plena época de fiestas.
La verdad es que no lo sabíamos antes de venir, así que fue una de esas pequeñas sorpresas que te encuentras cuando visitas un pueblo sin llevarlo todo demasiado preparado.
Mientras paseábamos por los alrededores también empezamos a descubrir algunos murales que nos llamaron mucho la atención. No esperábamos encontrarnos este tipo de arte por las calles de Huelma y, sinceramente, nos gustaron bastante.
Pero si hubo un detalle que nos llamó especialmente la atención fue encontrarnos con un autobús escolar de estilo americano convertido en restaurante.
Nos quedamos mirándolo porque, sinceramente, no se nos había ocurrido ni remotamente que pudiéramos encontrarnos algo así en Huelma. Es de esas cosas que no vas buscando y que terminan formando parte de los recuerdos de la visita.
Y es precisamente por detalles como este por lo que nos gusta recorrer los pueblos caminando y sin llevar una lista cerrada de cosas que ver. Vas descubriendo rincones que quizá no aparecen entre los grandes monumentos, pero que consiguen que un lugar te deje un recuerdo.

Iglesia de la Virgen de la Fuensanta
Dejamos atrás el parque y comenzamos a callejear por Huelma, sin un rumbo demasiado marcado, hasta que nos encontramos con la Iglesia de la Virgen de la Fuensanta.
Lo primero que nos llamó la atención fue su aspecto. Nos pareció una iglesia bastante más moderna de lo que esperábamos encontrar en un pueblo como Huelma, sobre todo después de venir de una zona donde abundan las iglesias y edificios históricos.
Y no andábamos desencaminados. Esta iglesia es realmente mucho más reciente de lo que podría parecer: fue construida en 1968, siguiendo el proyecto del arquitecto Enrique Bonilla y Mir. Su arquitectura se aleja bastante de los templos históricos que encontraríamos después durante nuestra visita, con una estructura de tres naves, pilares de hormigón, ladrillo visto y grandes vidrieras.
Pero lo que más nos llamó la atención al conocer un poco su historia fue descubrir que detrás de su construcción estuvo todo el pueblo. El proyecto fue impulsado por el párroco José Sola Llavero y el Ayuntamiento, pero como no disponían de los fondos necesarios, decidieron involucrar a los vecinos de Huelma para sacar adelante la obra.
Y eso cambia bastante la manera de mirar el edificio. Lo que a primera vista nos había parecido simplemente una iglesia moderna resulta ser también una pequeña parte de la historia reciente de Huelma: un templo levantado con la participación de sus propios vecinos.
La verdad es que fue una de esas primeras sorpresas de nuestro paseo. Veníamos buscando el Huelma más histórico y, casi sin darnos cuenta, nos encontramos también con una parte mucho más reciente de su historia.

Las fuentes de Huelma
Después de visitar la Iglesia de la Virgen de la Fuensanta seguimos callejeando por Huelma, y poco a poco empezamos a notar cómo el pueblo iba cambiando conforme avanzábamos hacia las zonas más altas.
Las casas más modernas fueron dejando paso a otras construcciones con más solera, calles más antiguas y ese aspecto que nos hacía pensar que estábamos entrando poco a poco en la parte histórica de Huelma.
Pero hubo otra cosa en la que nos fijamos especialmente durante el paseo: la cantidad de fuentes que nos íbamos encontrando por las calles.
Al principio simplemente nos llamó la atención. Una fuente por aquí, otra un poco más adelante… y llegó un momento en que pensamos que aquello tenía que tener alguna explicación.
Y la tenía.
El agua ha estado muy ligada a la historia de Huelma desde hace siglos. De hecho, el propio nombre de la localidad está relacionado con el agua. Durante la época andalusí Huelma era conocida como Walma, un nombre que se relaciona con el concepto de «nacimiento de agua».
Y claro, después de conocer este detalle, empezamos a mirar aquellas fuentes de otra manera.
Durante siglos, las fuentes fueron mucho más que un elemento decorativo. Eran lugares necesarios para abastecer de agua a los vecinos y también a los animales, por lo que tenían un papel importante en la vida cotidiana del pueblo.
En Huelma existen referencias a fuentes públicas desde hace siglos. Por ejemplo, la Fuente de la Cruz ya aparece documentada en el siglo XVI y en 1559 se diseñó una nueva fuente para la Plaza Nueva.
No necesitamos mucho más para entender por qué nos habíamos encontrado tantas durante nuestro paseo.
Así que aquella sensación que tuvimos mientras caminábamos tenía bastante sentido. No estábamos simplemente encontrándonos fuentes colocadas aquí y allá: estábamos viendo una parte de la relación que Huelma ha mantenido durante siglos con el agua.
Y cuanto más avanzábamos por sus calles, más claro teníamos que Huelma escondía bastante más historia de la que habíamos imaginado antes de venir.
Iglesia de la Inmaculada Concepción
Continuamos nuestro paseo por las calles de Huelma y, casi sin esperarlo, nos topamos con la Iglesia de la Inmaculada Concepción.
Y vaya si nos sorprendió.
Después de ir viendo cómo las casas iban cambiando conforme subíamos hacia la parte más antigua del pueblo, encontrarnos con una iglesia de estas dimensiones y con semejante fachada fue toda una sorpresa. Nos pareció preciosa por fuera y, como suele pasarnos, nos quedamos un buen rato mirando los detalles antes de continuar.
Y aquí llegó la pequeña faena de nuestra visita: la iglesia estaba cerrada.
Con las fiestas, no pudimos entrar y nos quedamos con todas las ganas de conocer su interior. Y después de investigar un poco sobre ella, la verdad es que la pena fue todavía mayor.
Estamos ante un templo del siglo XVI y uno de los grandes ejemplos de arquitectura renacentista de la provincia de Jaén. En su construcción participó Andrés de Vandelvira, uno de los grandes maestros del Renacimiento andaluz.
La fachada ya nos había parecido espectacular, pero resulta que el interior tampoco se queda atrás. La iglesia está formada por tres naves y conserva sus características bóvedas, además de otros elementos arquitectónicos relacionados con la intervención de Vandelvira.
Y luego está el retablo mayor, que era precisamente una de las cosas que más ganas teníamos de ver. El actual es de 1945 y fue realizado por el pintor jiennense Juan Almagro. El anterior, que databa del siglo XVI, desapareció durante la Guerra Civil.
Así que nos quedamos con las ganas de comprobar por nosotros mismos cómo es ese interior y de ver de cerca su retablo.
Una pena, sí, pero también una buena excusa para volver.
Porque después de encontrarnos con una iglesia así casi por casualidad, no podíamos evitar pensar que Huelma todavía nos tenía unas cuantas sorpresas más preparadas.

Castillo de Huelma
Dejamos atrás la Iglesia de la Inmaculada Concepción y continuamos subiendo por las calles de Huelma. Y fue entonces cuando llegamos a lo que, para nosotros, fue la joya de la corona de nuestra visita: el Castillo de Huelma.
Lo habíamos ido viendo desde abajo, dominando el pueblo desde lo alto, pero una cosa es verlo a lo lejos y otra empezar a acercarse a él.
Y tuvimos suerte. Las puertas que daban acceso a los alrededores estaban abiertas, así que pudimos entrar y comenzar a recorrer la zona.
Al principio aquello nos pareció un pequeño laberinto. Íbamos subiendo por unos caminos, girando por otros y descubriendo rincones que no esperábamos encontrar. Y precisamente por eso nos gustó tanto. En algunos de esos recovecos todavía se pueden apreciar restos de estructuras y de la antigua muralla que rodeaba una zona mucho más amplia que el castillo que vemos hoy.
Porque aquí hay algo que merece la pena explicar: el castillo actual no ocupa todo el espacio que tuvo la antigua fortaleza. Antes de la construcción de la fortaleza cristiana existía en este lugar un hisn musulmán, y posteriormente se levantó un recinto defensivo mucho mayor alrededor de la colina. Todavía quedan algunos restos de aquellas murallas en las laderas.
Mientras íbamos subiendo nos encontramos incluso con un tramo de camino empedrado que nos llamó mucho la atención. Apenas se conservaba un pequeño trozo, o al menos eso fue lo que nosotros pudimos apreciar, pero verlo allí entre los restos de la ladera nos hizo imaginar cómo debía ser el acceso a esta parte de Huelma siglos atrás.
Seguimos ascendiendo hasta llegar finalmente a la puerta del castillo. Y entonces llegó uno de los mejores momentos de la visita. Las vistas de Huelma desde allí arriba son un auténtico espectáculo.
Después de haber recorrido el pueblo a pie, verlo desde esta posición nos permitió entender mucho mejor dónde estábamos. El castillo se encuentra sobre una colina que domina Huelma y su entorno, y desde aquí se aprecia perfectamente el paisaje de olivares y las sierras que rodean la localidad. No es difícil entender por qué este lugar tuvo tanta importancia estratégica durante los siglos en los que Huelma fue tierra de frontera.
La fortaleza que vemos actualmente es de época cristiana y fue levantada probablemente en la primera mitad del siglo XVI sobre el antiguo asentamiento musulmán. Tiene una planta prácticamente cuadrada y cuatro torres cilíndricas, aunque el conjunto que vemos hoy es bastante más pequeño de lo que podríamos imaginar cuando hablamos de un castillo.
Y aquí llegó la pequeña decepción de nuestra visita. La puerta del interior estaba cerrada.
Una vez más, nos quedamos con las ganas de entrar. Y es una pena, porque dentro se conserva uno de los elementos más interesantes de todo el conjunto: el gran aljibe de origen musulmán, que ocupa buena parte del espacio interior. También se conservan escaleras y aterrazamientos, además de restos de las diferentes fases constructivas que ha tenido la fortaleza.
Por lo que hemos podido investigar después, tampoco parece que nos perdiéramos un enorme recinto lleno de estancias. El castillo es relativamente pequeño y gran parte de su interior está ocupado por ese gran aljibe, por lo que quizá nuestra visita habría sido más corta de lo que imaginábamos.
Aun así, nos hubiera gustado entrar y verlo con nuestros propios ojos.
El conjunto ha sido objeto de diferentes actuaciones de rehabilitación y consolidación a lo largo de los años y, durante nuestra visita, se notaba claramente que había zonas en las que se había intervenido. Nosotros no somos expertos en restauración, así que no vamos a valorar si las actuaciones nos parecen acertadas o no. Simplemente hubo algunos puntos en los que sentimos que la intervención moderna tenía bastante presencia.
Pero, sinceramente, lo que más nos llevamos de aquí no fue eso.
Fue el camino hasta llegar, los pequeños rincones que fuimos descubriendo casi por casualidad, la sensación de estar caminando entre los restos de una historia mucho más grande y, sobre todo, aquellas vistas de Huelma desde lo alto.
Así que, aunque no pudimos entrar al interior, llegar hasta el Castillo de Huelma mereció completamente la pena.
Para nosotros fue, sin duda, uno de los grandes momentos de la visita.

ExpoHuelma: gastronomía, artesanía y ganadería
Después de bajar del castillo continuamos callejeando por Huelma, sin demasiada prisa, y entonces nos encontramos con algo que no teníamos previsto en absoluto: ExpoHuelma.
Y aquí tengo que reconocerlo: ¡vaya si nos gustan las ferias de este tipo!
ExpoHuelma es mucho más que una feria al uso. Nos encontramos con puestos de gastronomía, artesanía, productos de la tierra y algunos espacios dedicados al turismo, aunque estos últimos eran bastante menos numerosos. Y si algo nos gustó fue precisamente esa mezcla entre lo comercial y lo tradicional.
Pero si había una parte que llamaba especialmente la atención era la dedicada al mundo agrícola y ganadero.
Una nave completa estaba dedicada a maquinaria agrícola, con tractores y todo tipo de máquinas relacionadas con el campo. Y viendo el paisaje de olivos que nos había acompañado durante buena parte del viaje, no podía haber un lugar más apropiado para una exposición de este tipo.
Y en el exterior nos esperaba otra feria completamente distinta.
Allí estaba el ganado: gallos y gallinas de diferentes variedades, caballos, ponis, burros, ovejas de distintas razas y vacas pajunas, una de las razas bovinas autóctonas de Andalucía que pudimos conocer un poco mejor durante nuestra visita.
Nos gusta encontrarnos este tipo de cosas porque, más allá de ver animales, te permiten acercarte a una parte del mundo rural que cada vez tenemos menos presente en nuestro día a día.
También estuvimos un rato hablando sobre el aceite de oliva virgen extra en el stand de la D.O.P. Sierra Mágina. Nos explicaron cómo se realizan las catas y las diferencias que podemos encontrar entre unos aceites y otros.
Y claro, después de hablar de aceite, tocaba probar algunas de las cosas que había por allí.
Porque una cosa es ir a una feria a mirar y otra muy distinta es encontrarte delante con torreznos, cecina, una barbaridad de quesos, dulces y todo tipo de productos que olían demasiado bien como para pasar de largo.
Así que hicimos lo que cualquiera con un mínimo de sentido común habría hecho: probar.
También encontramos puestos de artesanía donde había auténticas curiosidades. Entre ellas, nos llamaron especialmente la atención los cencerros hechos a mano, además de otros productos relacionados con la vida tradicional y el mundo rural.
Y lo cierto es que terminamos pasando bastante más tiempo del que habíamos pensado.
No teníamos previsto visitar ExpoHuelma cuando llegamos a Huelma. Simplemente nos la encontramos mientras recorríamos el pueblo y, al final, terminó convirtiéndose en una parte importante de nuestra visita.
Después de recorrer calles, iglesias, fuentes y subir hasta el castillo, encontrarnos con una feria que reunía gastronomía, artesanía, agricultura y ganadería fue una manera completamente diferente de conocer Huelma.
Y si además nos ponen comida delante, ya sabemos que tenemos un problema: nos cuesta muchísimo marcharnos.

Senderismo y naturaleza en Huelma
Aunque nuestra visita a Huelma estuvo centrada principalmente en recorrer el pueblo a pie y descubrir su patrimonio, después de preparar esta entrada nos quedó bastante claro que Huelma tiene mucho más que ofrecer fuera de sus calles.
El municipio forma parte del entorno de Sierra Mágina, un espacio donde el paisaje cambia completamente y donde el olivar da paso a la montaña, los pinares y las zonas de mayor altura.
Por aquí encontramos diferentes opciones para quienes disfrutan del senderismo y de caminar por la naturaleza. Hay rutas más tranquilas, como el Cordel del Salado, y otros recorridos que se adentran en parajes como Gibralberca o El Peralejo.
Y para los más montañeros está el gran reto: subir al Pico Mágina, que con sus 2.167 metros es la cumbre más alta de la provincia de Jaén.
Nosotros esta vez no hicimos ninguna de estas rutas. Nuestra intención era conocer Huelma con calma, recorrer sus calles y descubrir su patrimonio, y bastante nos dio de sí la visita.
Pero después de saber todo lo que nos dejamos pendiente, tenemos claro que Sierra Mágina merece una escapada propia.
Porque si algo estamos aprendiendo en nuestros viajes es que hay pueblos que no se terminan de conocer en un solo día. Y Huelma parece ser uno de ellos.
Dónde comer en Huelma
Antes de empezar a recorrer Huelma, como solemos hacer cuando salimos de ruta, paramos a desayunar. Elegimos el Bar Ideal, en la Plaza de España, y la verdad es que fue todo un acierto.
Pedimos café y tostadas y salimos de allí con las pilas bastante bien cargadas. El café estaba buenísimo y las tostadas eran muy buenas y bastante generosas, de esas que te dejan preparado para echarte unas cuantas horas caminando.
Y en nuestro caso, vaya si las necesitábamos.
Después nos fuimos a recorrer Huelma y, cuando llegó la hora de comer, la verdad es que no buscamos ningún restaurante.
Habíamos descubierto ExpoHuelma y allí había tanta cosa para probar que acabamos haciendo la comida sobre la marcha. Entre lo que compramos y todo lo que fuimos probando en los diferentes puestos, terminamos bastante más que servidos.
Así que esta vez no podemos recomendaros un restaurante de Huelma para comer porque nosotros directamente no llegamos a sentarnos en ninguno.
Pero sí podemos recomendaros el Bar Ideal para desayunar, porque esa parte sí la vivimos y salimos bastante contentos.
Además, después hemos visto que el establecimiento también ofrece comidas y cenas y cuenta con buenas valoraciones, así que parece que no somos los únicos a los que les gusta. Pero ahí ya tendréis que ir vosotros y contarnos qué tal.
Dónde dormir en Huelma
Si estáis pensando en quedaros por la zona, Huelma cuenta con diferentes opciones de alojamiento, desde establecimientos en el propio municipio hasta alojamientos rurales repartidos por el entorno de Sierra Mágina.
Y aquí es donde encontramos una opción que nos llamó especialmente la atención: Alojamientos Rurales Balcón de Mágina.
Por lo que hemos podido ver, se encuentran en plena naturaleza, en un entorno perfecto para desconectar y disfrutar del paisaje de Sierra Mágina. Es justo el tipo de alojamiento que nos gusta para cuando queremos ir con más calma, así que ya lo tenemos apuntado para una próxima escapada.
Además, quedarse por la zona permite plantear la visita de otra manera. No solo dedicar el día a recorrer Huelma, sino utilizarlo como punto de partida para descubrir los alrededores, hacer alguna ruta de senderismo y disfrutar con más calma de este rincón de la provincia de Jaén.
Nosotros esta vez nos volvimos a casa después de pasar el día, pero viendo todo lo que nos dejamos pendiente, quizá la próxima vez hagamos las cosas de otra manera y nos quedemos por Sierra Mágina.
Fiestas y tradiciones de Huelma
Si hay algo que también ayuda a conocer un pueblo es descubrir sus fiestas y tradiciones. Y en Huelma hay una que destaca especialmente: la devoción a la Virgen de la Fuensanta.
La Virgen es la patrona de Huelma y su tradición está muy ligada al municipio desde hace siglos. De hecho, la romería de la Virgen de la Fuensanta está documentada desde el siglo XVI y tiene lugar cada año el primer domingo de septiembre.
Ese día los vecinos se desplazan hasta el santuario, situado a unos kilómetros del pueblo, en una jornada que mezcla devoción, convivencia y ambiente de romería. Antes de llegar se reciben las cofradías filiales de Cambil, Solera y Torres y, una vez en el santuario, se celebra la misa y la posterior procesión de la Virgen acompañada por Santa Lucía.
Pero hay un detalle de esta tradición que nos llamó especialmente la atención: el agua del pozo del santuario. Según la tradición, beber de esta agua forma parte de la romería y se le han atribuido numerosos milagros a lo largo del tiempo.
Y mira que durante nuestra visita ya nos había llamado la atención la cantidad de fuentes que encontramos por Huelma y la relación histórica del pueblo con el agua. Después de conocer esta tradición, todo empieza a encajar un poco más.
La Virgen de la Fuensanta también tiene su momento en primavera. El primer domingo de mayo se realiza el traslado de la Virgen y Santa Lucía desde el santuario hasta la Iglesia de la Inmaculada Concepción, la misma que nosotros encontramos cerrada durante nuestra visita. El traslado se acompaña de carrozas y romeros y es otra de las celebraciones importantes del calendario de Huelma.
Y luego está la Feria de San Agustín, que se celebra en agosto y que nosotros tuvimos la suerte de encontrarnos de casualidad durante nuestra visita. De hecho, ExpoHuelma se celebra coincidiendo con estas fiestas, así que, sin buscarlo, terminamos conociendo Huelma en pleno ambiente de feria.
Nos despedimos de Huelma
Y llegó el momento de despedirnos de Huelma.
Después de varias horas caminando por sus calles, subiendo hasta el castillo, descubriendo sus fuentes y terminando casi por casualidad en ExpoHuelma, tocaba volver a casa.
Nos vamos con esa sensación que tanto nos gusta encontrar cuando hacemos una escapada: la de haber descubierto un lugar que no esperábamos que nos sorprendiera tanto.
Huelma nos fue mostrando poco a poco su historia. Primero a través de sus calles y sus edificios, después desde lo alto de su castillo y, finalmente, entre los puestos, los animales, la gastronomía y el ambiente de sus fiestas.
Y quizá lo mejor de todo es que nos hemos dejado cosas pendientes. No pudimos entrar en la Iglesia de la Inmaculada Concepción, tampoco pudimos conocer el interior del castillo y, después de descubrir todo lo que ofrece Sierra Mágina, sabemos que nos queda mucho por caminar por aquí.
Así que nos despedimos de Huelma, pero no del todo. Porque hay lugares que visitas, fotografías y después de unas horas dejas atrás. Y hay otros que, cuando vuelves a casa, se quedan dando vueltas en la cabeza y te hacen pensar que quizá algún día habrá que regresar.
Huelma es de esos.
Nosotros ponemos rumbo a casa, pero Sierra Mágina se queda apuntada en nuestra lista de lugares a los que volver.
Y ya sabéis que, cuando algo se queda pendiente, en Al Sur del Sendero eso suele significar una cosa: volveremos!!!
Nos vemos en los senderos!!!

Qué ver en Baños de la Encina: fortalezas de leyenda, piedra y el mar de olivos
