Qué ver en Jódar (Jaén): descubriendo el corazón de Sierra Mágina

Vista aérea de Jódar
Qué ver en Jódar jaén
Vista aérea de Jodar

Salimos de Motril temprano, con casi dos horas de camino por delante hasta nuestra llegada. Si os estáis preguntando qué ver en Jódar (Jaén), antes de llegar ya podemos empezar a disfrutar del cambio de paisaje.

Una vez dejamos atrás la autovía y tomamos el desvío hacia Iznalloz, la carretera empieza a cambiar poco a poco. Pasamos de las zonas de pinos y de una naturaleza más parecida a la que estamos acostumbrados a ver en Granada, a ese inmenso mar de olivos que nos acompaña cuando entramos en tierras jiennenses.

Y este paisaje nos gusta especialmente. Cada vez que nos acercamos a esta zona nos recuerda a nuestras escapadas por Sierra de Cazorla, Segura y Las Villas, un lugar al que le tenemos un cariño especial.

El viaje se nos hizo bastante llevadero y, casi sin darnos cuenta, empezamos a tener delante Jódar

Que ver en Jódar (Jaén)

Comenzamos a caminar por Jódar y, aunque ya sabíamos que no era un pueblo pequeño, lo primero que nos sorprendió fue su tamaño.Jódar es bastante más grande de lo que esperábamos y también nos llamó la atención la cantidad de servicios que tiene. Nada más empezar a recorrer sus calles se nota que estamos ante un municipio con mucha vida y con todo lo necesario para el día a día.Además, sus calles son amplias, cuidadas y agradables para caminar, algo que nos hizo disfrutar todavía más de este primer paseo.

Sin buscar todavía ningún monumento concreto, fuimos avanzando poco a poco, dejándonos llevar por las calles y viendo qué nos iba apareciendo en el camino.Y como nos suele pasar, fue precisamente así, caminando sin demasiadas prisas, como empezamos a descubrir algunos de los rincones que hacen que merezca la pena conocer Jódar.

Iglesia Santuario del Santo Cristo de la Misericordia

Y casi sin buscarlo, nos encontramos con uno de esos lugares que aparecen cuando simplemente vas caminando. Fue una sorpresa encontrarnos con la Iglesia Santuario del Santo Cristo de la Misericordia.

A simple vista puede parecer una iglesia pequeña, pero cuando entramos nos encontramos con un interior que tiene un encanto muy especial. Lo que más nos llamó la atención fue la cúpula que se encuentra justo sobre el crucero. Su decoración, realizada en yesería y de estilo barroco, hace que la mirada se vaya directamente hacia arriba y, la verdad, nos quedamos un buen rato contemplándola.

Y tiene su historia, porque esta cúpula no se terminó precisamente de cualquier manera. Las obras finalizaron en 1759 y aquel día Jódar lo celebró por todo lo alto. Hubo procesión solemne, música, tambores, soldados, pólvora, iluminación de la villa y hasta un castillo de fuegos artificiales por la noche. Toda una celebración para recibir una obra de yesería que, después de verla de cerca, entendemos perfectamente que fuera motivo de orgullo para los vecinos de Jódar.

Debajo de ella se encuentra hoy el retablo mayor, pero el que vemos actualmente tampoco es el que acompañó a la cúpula en aquellos años. El retablo original, de estilo barroco, se colocó junto a ella en 1759 y permaneció en uso hasta la Guerra de la Independencia. Durante aquel conflicto, el templo fue ocupado por las tropas francesas y utilizado como cuadra, quedando el retablo tan deteriorado que fue necesario sustituirlo. De aquel primer retablo barroco todavía se conservan las puertas de acceso a las sacristías.

Después, la iglesia volvería a sufrir las consecuencias de otro periodo complicado. Durante la Guerra Civil se perdieron imágenes, material litúrgico y parte del patrimonio que conservaba el templo. El retablo que vemos hoy llegaría unos años más tarde, en 1956, obra de Bravo Nogales y de estilo neorrenacentista.

Pero la historia de este lugar se remonta bastante más atrás. El santuario tiene su origen en una capilla del siglo XVI perteneciente al antiguo Hospital de la Misericordia, que estaba dedicada entonces a Santa Isabel. El edificio que vemos actualmente comenzó a construirse en 1700 y las obras se fueron prolongando durante varias décadas, hasta llegar a ese momento de 1759 en el que se terminó la cúpula y se colocó el retablo barroco.

Además, dentro del templo hay otros pequeños detalles que merece la pena descubrir si entramos con algo de calma, como una pila bautismal de mármol fechada en 1616.

Y así, casi por casualidad, nuestro paseo por Jódar nos había llevado hasta una pequeña iglesia que terminó sorprendiéndonos mucho más de lo que esperábamos. Porque eso es precisamente lo que nos gusta de recorrer los pueblos sin ir con todo marcado: nunca sabes qué rincón te vas a encontrar al doblar una esquina.

Iglesia Santuario del Santo Cristo de la Misericordia

El Castillo de Jódar

Después de visitar el Santuario del Santo Cristo de la Misericordia decidimos seguir caminando y subir hasta el castillo de Jódar. Era uno de los lugares que más ganas teníamos de conocer, sobre todo porque sus dos grandes torres del homenaje son una de las imágenes más características del pueblo.

Pero nos encontramos con un pequeño inconveniente: aquel día era entre semana y el castillo no estaba abierto a las visitas. Y es que el acceso al interior solo está permitido los fines de semana y festivos, así que, si vais a ir entre semana como nosotros, tenedlo en cuenta para no llevaros el mismo chasco. Nuestro consejo es que, si podéis elegir, planifiquéis la visita para sábado o domingo y llaméis antes para confirmar el horario exacto, porque puede variar según la época del año.

Podríamos habernos dado la vuelta, pero ya que estábamos allí decidimos buscar algún punto desde donde poder verlo, aunque fuera desde lejos. Así que seguimos subiendo y nos acercamos a la parte alta de Jódar, hasta llegar a las inmediaciones del Parque Periurbano de Trascastillo y su Aula de la Naturaleza Dr. Félix Rodríguez de la Fuente.

Desde esta zona elevada conseguimos por fin nuestro objetivo: ver aparecer las dos torres del homenaje del castillo sobre los tejados de Jódar. Y aunque no pudimos entrar, la imagen desde allí mereció la pena.

Cuanto más fuimos leyendo después sobre la fortaleza, más entendimos por qué esas dos torres llaman tanto la atención. El castillo de Jódar conserva dos grandes torres del homenaje, algo que no es habitual y que constituye una de sus principales particularidades. Son prácticamente cuadradas, de grandes dimensiones y están separadas unos 41 metros. La llamada Torre Vieja ronda los 15 metros de lado y la Torre Nueva algo más de 13 metros, una diferencia que, la verdad, no se aprecia tanto a simple vista.

Y aunque hoy las vemos como parte de un mismo conjunto, tampoco nacieron exactamente al mismo tiempo. La Torre Vieja pertenece a las primeras reformas realizadas después de la conquista cristiana, en el siglo XIII, mientras que la Torre Nueva se levantó posteriormente, en el siglo XIV, durante las importantes obras de reconstrucción que se llevaron a cabo en 1328.

La fortaleza tampoco se limitaba a esas dos torres. El castillo estaba organizado con un recinto exterior y una alcazaba interior, formando un sistema defensivo bastante complejo para su época. Su ubicación tampoco fue casual: desde este promontorio se dominan los valles del Guadalquivir, el Guadiana Menor y el Jandulilla, además de importantes vías de comunicación que atravesaban esta zona.

Y el castillo no tuvo precisamente una historia tranquila. En 1521, durante las disputas entre las familias Benavides y Carvajal por el control de Baeza, don Alonso de la Cueva asaltó Jódar, que entonces estaba en poder de los Carvajal, y prendió fuego a la fortaleza, provocando importantes daños.

Del antiguo patio de armas tampoco queda hoy la imagen que uno podría imaginar al pensar en un castillo medieval. El espacio se utiliza actualmente como auditorio al aire libre, integrado dentro del conjunto de la fortaleza.

Pero lo curioso fue que, mientras íbamos subiendo, empezamos a descubrir otra parte de Jódar que también nos gustó mucho. Poco a poco las calles fueron cambiando. Se hicieron más estrechas, más empinadas y algo más laberínticas, y las casas nos parecían más antiguas. La sensación era diferente a la que habíamos tenido al comenzar nuestro paseo por el pueblo.

Y tiene sentido, porque nos estábamos adentrando en el entorno del antiguo núcleo histórico de Jódar, conocido antiguamente como la Villa Vieja. Aquí el trazado es completamente diferente, con callejuelas estrechas, desniveles y pequeñas plazas que hacen que caminar por esta zona tenga un encanto especial.

Seguimos curioseando por los alrededores y llegamos hasta la zona de la Plaza del Hospitalico y la Plaza del Castillo. Aquí nos encontramos con rincones que nos hicieron parar más de una vez para mirar con calma. Algunas construcciones aparecen integradas en el desnivel del terreno y, en los bajos, vimos unos espacios que nos llamaron especialmente la atención. No llegamos a saber exactamente qué eran, pero formaban parte de ese paisaje de casas antiguas y calles estrechas que estábamos descubriendo.

Y aunque aquel día no pudimos entrar al castillo, la subida terminó teniendo su recompensa. No solo conseguimos ver desde lejos sus dos torres del homenaje, sino que también nos metimos de lleno en una de las zonas con más personalidad de Jódar.

Nos quedamos, eso sí, con una cosa pendiente: volver otro día y entrar al castillo. Porque después de verlo desde fuera, descubrir sus dos grandes torres y conocer un poco de su historia, la verdad es que nos quedamos con ganas de saber qué hay detrás de esas paredes.

Castillo de Jódar

Bajando del castillo, descubriendo el casco antiguo de Jódar

Después de recorrer esta parte alta de Jódar seguimos bajando y nos encontramos con la Puerta del Aire, uno de los antiguos accesos de las murallas de la ciudad y uno de los pocos que todavía se conservan.

Desde aquí continuamos por las escaleras de la calle Alhorí. La bajada nos gustó mucho porque, poco a poco, el paisaje urbano volvía a cambiar. Las calles eran más estrechas, las casas nos parecían diferentes y, no sé muy bien por qué, pero a nosotros nos daba la sensación de que tenían algo distinto a las que habíamos visto al principio de la visita.

Seguimos caminando y llegamos hasta la Plaza Manuel Agudo Gimena, una pequeña plaza con una fuente que nos encontramos casi de casualidad. Después descubrimos que esta plaza es conocida también como la Plaza del Pilón y que en ella hubo un antiguo lavadero. Pero lo que más nos llamó la atención fue descubrir que detrás de este rincón hay una historia mucho más curiosa.

Según cuenta la tradición local, en este lugar se desarrolló en el siglo XIV una historia de amor relacionada con embajadores y princesas, junto a la que entonces se conocía como Fuente del Lugar. Con el paso del tiempo, algunos historiadores llegaron a relacionar aquella antigua fuente con la que hoy podemos ver en la Plaza de España, aunque esta última es bastante posterior y fue construida en el siglo XVIII.

Nos encanta encontrarnos este tipo de historias mientras caminamos. Una plaza pequeña, casi de paso, por la que seguramente muchos pasan sin detenerse, y detrás una tradición que nos lleva varios siglos atrás. Y aunque nosotros no veníamos buscando ninguna historia de amor ni ninguna leyenda, nos gustó descubrir que aquel lugar aparentemente sencillo tenía también su propia historia que contar.

Seguimos caminando y, poco después, llegamos hasta uno de los rincones que más nos sorprendieron de esta parte de Jódar. En uno de los laterales de la Iglesia de la Asunción vimos unos grandes arcos y, al acercarnos, descubrimos que la calle Isabel la Católica pasa justo por debajo de ellos. Al otro lado aparecía la Plaza de España.

La verdad es que este rincón nos sorprendió muchísimo. No esperábamos encontrarnos una calle que pasara de esta manera bajo la propia iglesia, formando un pequeño paso entre los edificios. Después supimos que estos arcos corresponden a los contrafuertes de la Iglesia de la Asunción y que la calle Isabel la Católica es uno de los puntos más singulares del casco histórico de Jódar.

Y así, atravesando los arcos de la calle Isabel la Católica, llegamos finalmente a la Plaza de España. Aquí cambiaba otra vez el ambiente. Después de venir caminando por las calles estrechas y empinadas de la parte alta, encontrarnos con esta plaza abierta fue como salir a otro Jódar.

Y aquí hicimos una parada antes de continuar con la visita, porque frente a nosotros teníamos uno de los edificios más importantes de Jódar: la Iglesia de la Asunción.

Calle Isabel la Católica, Jódar
Calle Isabel la Católica, Jódar

La Iglesia de la Asunción de Jódar

Y llegamos a la Plaza de España, donde nos encontramos de frente con la Iglesia de la Asunción.

Lo primero que pensamos al verla fue: ¡menudo edificio! Nos pareció enorme, majestuoso y con unos muros tan gruesos que, vista desde fuera, por algunos de sus lados nos daba más la sensación de estar ante una fortaleza que ante una iglesia.

Además, pudimos rodearla y verla desde diferentes ángulos, y cada vez nos llamaba la atención algún detalle distinto. Pero si hay algo que destaca sobre todo lo demás es su torre, con ese tejado tan bonito que se ha convertido en una de las imágenes más reconocibles de Jódar.

Aquel día estaba cerrada y no pudimos entrar. No tenemos claro cuál es su horario habitual de apertura, así que si queréis visitarla por dentro, lo mejor será informaros antes. Nosotros tuvimos que conformarnos con verla desde fuera, aunque la verdad es que merece la pena detenerse y rodearla con calma.Y cuanto más fuimos descubriendo después sobre ella, más entendimos por qué nos había impresionado tanto.

La Iglesia de la Asunción se levantó sobre el lugar que había ocupado la antigua mezquita mayor de Jódar. Tras la conquista cristiana se construyó allí una iglesia dedicada a Santa María y, con el tiempo, comenzó a levantarse el templo que vemos hoy, ya a mediados del siglo XVI.

Buena parte de la iglesia se construyó siguiendo los modelos del Renacimiento andaluz relacionados con la escuela de Andrés de Vandelvira. La nave central, con sus capillas laterales, pertenece a esta etapa. Después llegarían nuevas intervenciones, como la construcción de la torre, ya en el siglo XVII, y más tarde las obras que dieron forma al crucero y a la Capilla Mayor, con actuaciones documentadas en el siglo XVIII.

Y quizá por eso, cuando la mirábamos desde fuera, nos parecía tan diferente por cada lado. No estamos ante un edificio construido de una vez, sino ante una iglesia que ha ido creciendo y transformándose durante varios siglos.

La torre tampoco pasó desapercibida para nosotros. Comenzó a levantarse en 1613 siguiendo la traza de Juan de Aranda Salazar, aunque no se terminó hasta casi cincuenta años después, en 1661, de la mano de su discípulo Eufrasio López de Rojas. En ella se conservan además algunas campanas históricas, entre ellas una fechada en 1794.

Y aquí nos encontramos con un nombre que ya nos sonaba de nuestra visita a Huelma. Ese mismo Eufrasio López de Rojas que culminó la torre de Jódar trabajó también, unos años después, en el convento de Santa Isabel de Huelma. Casi sin buscarlo, nos dimos cuenta de que los dos pueblos comparten algo más que Sierra Mágina: comparten también las manos que ayudaron a construirlos.

Y aunque nos quedamos con las ganas de conocer su interior, creo que hicimos bien en rodearla y verla con calma. A veces un edificio no necesita estar abierto para hacerse una idea de la importancia que ha tenido en un pueblo.

Y esta iglesia, situada en el corazón de Jódar, lleva más de cuatro siglos formando parte de su paisaje.

La Iglesia de la Asunción de Jódar
La Iglesia de la Asunción de Jódar

La Plaza de España y la Fuente de los Tres Caños

Después de rodear la Iglesia de la Asunción y verla con detenimiento, llegamos de nuevo a la Plaza de España. Aquí el ambiente cambiaba bastante respecto a las calles por las que veníamos caminando. La plaza nos pareció mucho más abierta y moderna, con bastante ambiente y varios establecimientos hosteleros alrededor.

Pero, aun así, hubo algo que nos hizo pensar que aquel lugar no había sido una plaza más dentro de Jódar.

En uno de sus lados nos encontramos con la Fuente de los Tres Caños. La vimos allí, en medio de la plaza, y nuestra primera impresión fue imaginar cómo debía haber sido este rincón muchos años atrás. Nos pareció uno de esos lugares donde seguramente los vecinos acudían a buscar agua y donde el movimiento del pueblo debía concentrarse alrededor de una necesidad tan básica como era tener agua a mano.

Y aunque no podemos asegurar que en esta fuente concreta abrevaran las bestias, sí sabemos que la fuente que vemos hoy tiene una historia importante detrás. La Fuente Principal de los Tres Caños fue realizada en 1777 y conserva todavía el pedestal de una cruz fechada en 1612. La fuente que vemos actualmente fue reconstruida en 2004, recuperando parte de los elementos que quedaban de la antigua.

Además, tiene una curiosidad que nos llamó mucho la atención. Según una antigua tradición local, el agua del caño central era considerada la mejor, porque estaba bajo la cruz y se decía que era el «caño del Señor», mientras que los dos laterales eran conocidos como los caños de los judíos por las máscaras grotescas que los adornaban.

Y aquí descubrimos algo que nos pareció todavía más curioso. Esta fuente no es la famosa «Fontana de Xodar» de la que habíamos oído hablar al recorrer el casco antiguo. Aquella otra fuente estaba en la actual Plaza Manuel Agudo Gimena, conocida también como Plaza del Pilón, donde todavía se conserva el antiguo lavadero. De ella incluso ha quedado un pequeño verso medieval, casi una copla, que dice así:

En la Fontana de Xodar
vi la niña de oxos bellos
e finque ferido dellos
sin tener de vida una hora

Nos gustó mucho encontrarnos con esto. Una fuente que ya no existe, relacionada con unos versos de amor, y que con el paso de los siglos terminó confundiéndose con la que hoy encontramos en la Plaza de España.

Así que aquella sensación que habíamos tenido mientras caminábamos por Jódar empezaba a tener bastante más sentido. La plaza que veíamos ahora, con sus terrazas, sus bares y su ambiente más urbano, ocupaba un espacio que llevaba mucho tiempo teniendo importancia dentro de la vida de la ciudad.

De hecho, la plaza fue también escenario de la Feria de Jódar. Después de ser concedida la feria por Real Decreto de Isabel II en 1837, la celebración terminó trasladándose a este espacio, entonces llamado Plaza de la Constitución. Incluso se llegaron a celebrar allí capeas, rodeando la plaza con tablados.

Paseando por los jardines nos encontramos, además, con cuatro bustos en bronce que no esperábamos: son de Unamuno, Ortega y Gasset, Ramón y Cajal y Marañón, obra del escultor sevillano Juan Abascal, de 1970. El propio escultor llegó a considerarlos una de sus mejores obras, y la verdad es que encontrarte con estas cuatro figuras de la cultura española mirándote desde un jardín de pueblo tiene su punto.

Y frente a nosotros estaba el Ayuntamiento.A simple vista nos pareció un edificio bastante más antiguo de lo que realmente es, quizá por esa fachada regionalista y por la forma en que encaja con el resto de la plaza. Pero después descubrimos que la fachada actual, con sus columnas salomónicas y su galería de arcos para el Salón de Sesiones, es de 1927.

Así que, aunque la Plaza de España pueda parecer hoy un espacio más moderno y urbano, cuando empiezas a conocer su historia te das cuenta de que estamos ante uno de los lugares que mejor explican la evolución de Jódar. La fuente, el Ayuntamiento, los bustos, los edificios que la rodean y hasta los usos festivos que tuvo la plaza forman parte de distintas etapas de la historia del pueblo.

Y eso fue precisamente lo que nos pasó a nosotros. Llegamos a la plaza pensando que simplemente habíamos salido de la parte más antigua del pueblo y, sin embargo, cuanto más mirábamos a nuestro alrededor, más nos daba la sensación de que aquí también había mucho que descubrir.

El Paseo Primero de Mayo, otra cara de Jódar

Desde la Plaza de España seguimos caminando sin rumbo fijo. Ya habíamos visto buena parte de la zona monumental y ahora nos apetecía simplemente callejear, buscar calles diferentes y ver qué nos encontrábamos.

Y así fue como llegamos hasta el Paseo Primero de Mayo.

El cambio fue bastante grande. Veníamos de las calles más antiguas de Jódar, de la iglesia, el castillo, las murallas y aquellas pequeñas plazas que nos habían ido apareciendo durante el recorrido, y de repente nos encontramos con un espacio mucho más abierto, lleno de árboles y jardines.

Lo primero que nos llamó la atención fue una fuente muy bonita que encontramos en uno de los extremos del paseo. Seguimos caminando y, al final, nos encontramos con una especie de pequeño templete o pérgola que cerraba el espacio. No sabíamos muy bien qué era exactamente, pero nos gustó aquel rincón y nos quedamos un rato disfrutándolo.

Después descubrimos que aquel paseo tenía bastante más historia de la que podía parecer a simple vista y que, entre sus jardines, se encuentran varios monumentos en bronce. El Paseo Primero de Mayo, considerado uno de los grandes espacios verdes de Jódar, aparece documentado desde finales del siglo XVIII. Entre su vegetación se encuentran el monumento dedicado al ilustre oculista Juan Martín, obra del escultor jiennense Jacinto Higueras, y otros dedicados a Julián Besteiro y a Dolores Ibárruri, «La Pasionaria».

Y descubrimos también otra curiosidad de este paseo. En los años cuarenta, la feria de Jódar se trasladó hasta aquí y hasta la cercana calle Joaquín Galván, convirtiendo este entorno durante esos días en un auténtico hervidero de gente, puestos, ganado, espectáculos y celebraciones.

Y aquello nos hizo imaginar el lugar de una manera completamente diferente.

Nosotros lo habíamos encontrado tranquilo, con gente paseando y los jardines dando un poco de respiro después de varias horas caminando por el pueblo. Pero décadas atrás este mismo espacio debía transformarse por completo cuando llegaban las fiestas.

Y cuanto más conocíamos Jódar, más aparecía una palabra que empezaba a repetirse en nuestra visita: agua.

Primero había sido la Fuente de los Tres Caños. Después la antigua Fontana de Xodar y su lavadero. Y fuera del centro histórico descubrimos que Jódar conserva otros muchos lugares relacionados con el agua, como el paraje de Fuente Garcíez, junto a la ermita de San Isidro Labrador, donde cada 15 de mayo se celebra una romería en su honor. No era algo casual. El agua formaba parte de la vida diaria del pueblo.

Las fuentes no servían solamente para beber. También estaban los lavaderos donde las mujeres acudían a lavar la ropa y hasta la lana de los colchones, y los abrevaderos donde bebían los animales. Algunos de estos lugares estaban además relacionados con antiguas vías pecuarias, como ocurre precisamente con el abrevadero de Fuente Garcíez.

Y mientras caminábamos por el Paseo Primero de Mayo, todo aquello empezaba a encajar un poco mejor.

Jódar no solo nos estaba enseñando iglesias, castillos y edificios históricos. También nos estaba mostrando una parte mucho más cotidiana de su pasado: cómo se conseguía el agua, dónde se lavaba, dónde bebían los animales, dónde se reunía la gente y cómo algunos de esos lugares acabaron convirtiéndose en espacios de paseo y encuentro. Quizá por eso este paseo nos gustó más de lo que esperábamos.

No habíamos venido buscando el Paseo Primero de Mayo. Simplemente seguimos andando y acabamos aquí, descubriendo otra cara de Jódar que no aparece tanto cuando uno piensa solamente en su castillo o en su iglesia.

Y creo que eso es precisamente lo bonito de recorrer un pueblo a pie: a veces los lugares que no llevas apuntados son los que terminan contándote una parte de su historia que no esperabas encontrar.

El Paseo Primero de Mayo Jódar
El Paseo Primero de Mayo Jódar

La Plaza de Toros de Jódar

Desde el Paseo Primero de Mayo seguimos caminando y llegamos hasta la Plaza de Toros de Jódar. Por fuera nos pareció muy bonita y, sobre todo, nos llamó la atención lo cuidada que estaba, con esos colores rojo y amarillo que le daban un aspecto muy reconocible.

Como era de esperar, estaba cerrada y no pudimos entrar. Pero justo al lado encontramos un punto desde el que pudimos asomarnos y, gracias a ello, conseguimos ver parte de las gradas y el tendido. No fue lo mismo que entrar, claro, pero nos sirvió para hacernos una idea de cómo era por dentro.

Y fue precisamente al verla cuando nos hicimos una pregunta: ¿tendría Jódar tradición taurina?

La respuesta fue sí, y además bastante más antigua de lo que pensábamos.

Las referencias históricas sitúan la tradición de los festejos taurinos en Jódar, documentalmente, ya a mediados del siglo XVII. Mucho antes de que existiera una plaza como la que conocemos hoy, las capeas se celebraban en distintos espacios del pueblo y se montaban tablados para que el público pudiera presenciarlas.

Con el tiempo se construyó una plaza de toros estable, impulsada por el empresario Basilio Lahoz e inaugurada en 1926. Aquella plaza sustituyó a los antiguos espacios donde se celebraban las capeas y se convirtió en el escenario de una tradición que ha continuado durante generaciones.

La plaza que nosotros vimos, sin embargo, es bastante más reciente. El coso actual se inauguró el 23 de abril de 2011 y tiene capacidad para unas 3.000 personas. Y aquel día de estreno se vivió a lo grande: la terna estuvo formada por Manuel Díaz «El Cordobés», Daniel Luque y José Carlos Venegas. Desde fuera, eso sí, mantiene ese aspecto tan reconocible que hace que enseguida sepamos qué edificio tenemos delante.

Y mientras mirábamos aquellas gradas desde fuera, nos resultó curioso pensar en todo lo que habría pasado dentro de ellas. Porque la historia taurina de Jódar no se limita a tener una plaza: durante décadas los festejos taurinos estuvieron ligados también a sus fiestas y a la vida del pueblo.

Incluso la propia Feria de Jódar estuvo relacionada con estos festejos. Antes de que la feria se trasladara al Paseo Primero de Mayo y sus alrededores, las capeas habían formado parte de las celebraciones y se llegaron a montar tablados alrededor de las plazas para poder disfrutar de ellas.

Nosotros no pudimos ver la plaza por dentro, pero aquel pequeño vistazo a través del mirador improvisado nos bastó para hacernos una idea. Y, como nos estaba pasando durante toda la visita, volvimos a descubrir que detrás de un edificio que simplemente habíamos encontrado paseando había una parte de la historia de Jódar que desconocíamos por completo.

La Plaza de Toros de Jódar
La Plaza de Toros de Jódar

Otros rincones con encanto de Jódar

Nuestra visita a Jódar dio para mucho, pero el pueblo tiene todavía más rincones que descubrimos después de preparar este artículo y que esta vez no llegamos a visitar con calma.

El Barrio de Andaraje, al norte de la ciudad, es uno de ellos. Su nombre está relacionado con un antiguo mecanismo utilizado para elevar el agua y regar las huertas cercanas. El barrio conserva su propia personalidad, con callejuelas, cuestas empinadas y la Plaza de San Marcos, donde se encuentra un calvario con una imagen de Cristo crucificado de 1955.

También nos queda pendiente conocer el Museo de Jódar, creado en 1997 por la asociación cultural Saudar. En él se conservan piezas donadas por los propios vecinos y una exposición permanente titulada «Jódar a través del tiempo», con fotografías que permiten recorrer buena parte de la historia reciente del pueblo. Cuenta además con una sala dedicada al esparto, una actividad que ha estado muy ligada a Jódar y que ya nos había aparecido varias veces mientras descubríamos su historia.

Otro lugar que tendremos que dejar para una próxima visita es la Casa de la Cultura, donde se conserva el Archivo Histórico Municipal, con documentación histórica desde el siglo XVI, además del legado del pintor local Blas T. de Rivera y López, formado por numerosas obras de arte naif.

Y aquí aparece también el Colegio General Fresneda, un edificio de estilo regionalista construido en 1927. Lo vimos mencionado durante nuestra búsqueda de información sobre Jódar, aunque finalmente decidimos no incluirlo en nuestro recorrido porque preferimos centrarnos en los lugares que realmente habíamos descubierto caminando por el pueblo.

La Ermita de Nuestra Señora de Fátima, construida a mediados del siglo XX y situada en la plaza del mismo nombre, es otro de esos rincones que dejamos pendientes. En su interior conserva un retablo de mármol que tendremos que conocer cuando volvamos.

Y todavía hay otro lugar que nos llamó la atención al investigar Jódar: la Ermita de San Sebastián, situada junto al Cementerio Municipal, a las afueras del casco urbano. Pero en este caso no solo nos interesa la ermita. El propio cementerio, construido a finales del siglo XIX, conserva numerosos panteones y elementos funerarios de interés y forma parte del patrimonio histórico de Jódar.

Así que, como veis, nuestra visita no terminó de descubrir todo lo que Jódar tiene para enseñar.

Y después de todo lo que nos ha ido sorprendiendo durante el recorrido, tenemos claro que volveremos. Nos quedan todavía barrios, edificios, caminos y rincones por descubrir, y eso siempre es una buena excusa para regresar.

Senderismo en Jódar

Y si después de recorrer Jódar todavía os quedan ganas de seguir caminando, aquí tenemos que hablar de otra de las posibilidades que ofrece el pueblo: el senderismo.

Nosotros en esta ocasión nos centramos en conocer Jódar a pie, recorriendo sus calles, plazas y monumentos, pero después descubrimos que desde el propio casco urbano salen rutas que se meten de lleno en su entorno natural.

Una de las más interesantes es la ruta de El Pocico, también conocida como Los Pocicos. Tiene unos 7 kilómetros y comienza en la propia Plaza de España, así que prácticamente podemos pasar de estar recorriendo el casco histórico a encontrarnos caminando por la naturaleza, sin apenas darnos cuenta del cambio.

El recorrido pasa por el castillo y el Parque Periurbano de Trascastillo, junto al Aula de Naturaleza Félix Rodríguez de la Fuente, y desde allí continúa hacia la Sierrezuela de Jódar. Poco a poco se va ganando altura hasta un pequeño collado donde antiguamente se encontraba la Ermita de San Cristóbal, la que da nombre al cerro que domina el pueblo.

Y aquí hay un detalle que nos gustó especialmente al descubrirlo. El nombre de la ruta, «El Pocico», no es casual: esta zona estuvo relacionada antiguamente con uno de los barrios de casas-cueva de Jódar, junto con otros como Barranco Hondo o San Marcos. Todavía pueden encontrarse algunas de estas antiguas viviendas-cueva en la zona del Pocico. Así que caminar por aquí no es solo adentrarse en el monte, sino atravesar un pedazo más de la historia humana de Jódar, aunque esta vez mucho más humilde que la de sus iglesias y su castillo.

Y aquí es donde Jódar vuelve a cambiar por completo. Después de haber estado caminando entre iglesias, fuentes, plazas y calles estrechas, aparece otro paisaje mucho más abierto, con los olivares y las sierras como protagonistas.

Desde las zonas altas se pueden contemplar los valles del Guadalquivir, Guadiana Menor y Jandulilla, además de las sierras de Cazorla y Mágina. Una perspectiva completamente diferente de la que nosotros tuvimos durante nuestra visita por el pueblo.

También existe el Camino del Portillo, que forma parte del GR-7, el sendero de gran recorrido que atraviesa buena parte de Andalucía. El tramo que pasa por Jódar llega después de una de las subidas más exigentes del recorrido, la del Portillo, para después descender hacia Jódar atravesando la Serrezuela.

Y aquí nos encontramos con algo que ya nos sonaba: desde Jódar, el propio GR-7 continúa hacia la antigua estación de ferrocarril de Jódar-Quesada, la misma estación desde la que en su día salieron grandes cantidades de madera procedente de las sierras de Cazorla y Segura y también la producción de esparto de Jódar y Cabra de Santo Cristo. Un pequeño hilo que, sin buscarlo, vuelve a conectar esta visita con lo que ya os contamos de Sierra Mágina en nuestra escapada a Huelma.

Así que sí, Jódar también puede ser una buena parada para quienes, como nosotros, disfrutamos combinando los pueblos con alguna ruta por la naturaleza.

Nosotros nos quedamos con las ganas de hacer alguna de estas rutas, y ya tenemos otra excusa más para volver a Jódar y descubrir esa cara del pueblo que esta vez dejamos pendiente.

Dónde comer en Jódar

Si durante la visita os entra hambre, en Jódar no vais a tener demasiados problemas para encontrar dónde parar. Durante nuestro paseo fuimos viendo bastantes bares, restaurantes y terrazas repartidos por el pueblo, especialmente por la zona de la Plaza de España y la calle General Fresneda.

La oferta es bastante variada, desde bares donde hacer una parada para tomar algo hasta restaurantes donde sentarse con más calma. Así que podemos elegir según lo que nos apetezca en ese momento, algo que siempre viene bien después de unas horas caminando. Y si queremos aprovechar la visita para probar algunos platos de la cocina tradicional de la zona, aquí aparecen recetas muy ligadas a la gastronomía serrana de Jaén: migas, gachamiga, andrajos, gachas y diferentes platos elaborados con productos de la matanza y del olivar.

El aceite de oliva virgen extra también tiene, como era de esperar, un papel protagonista en la cocina de Jódar. Estamos en plena Sierra Mágina y eso se nota también cuando nos sentamos a la mesa.

Dónde dormir en Jódar

Si después de recorrer Jódar os apetece quedaros por la zona y disfrutar de Sierra Mágina con algo más de calma, también encontramos varias opciones donde alojarse.

Dentro del propio pueblo hay alojamientos de distintos tipos. Está el Hotel Ciudad de Jódar, una opción para quienes prefieran quedarse en el centro urbano, y también el Hostal Los Molinos.

Si buscáis algo diferente, Jódar cuenta además con alojamientos rurales y casas donde disfrutar de un ambiente más tranquilo. Entre ellos encontramos Casa La Ronda, un alojamiento rural situado dentro del casco urbano, y Molino de la Sierra, una opción más vinculada al entorno natural.

También existen apartamentos turísticos como Apartamentos Pensi Jódar, una alternativa práctica para quienes prefieran disponer de un espacio más independiente durante la estancia.

Lo bueno es que las opciones son bastante diferentes entre sí, así que podemos elegir según lo que busquemos: quedarnos en el pueblo para tener todo a mano o alejarnos un poco y buscar un entorno más tranquilo.

Y teniendo en cuenta todo lo que ofrece Jódar, no sería mala idea dedicarle más de un día. Después de recorrer sus calles, descubrir el castillo, sus fuentes y plazas y conocer parte de su historia, todavía nos quedan caminos y paisajes por explorar. Una noche aquí puede ser una buena manera de continuar descubriendo esta parte de Sierra Mágina sin tener que hacerlo todo con prisas.

Fiestas y tradiciones de Jódar

Después de conocer sus calles, sus plazas y buena parte de su historia, descubrimos que Jódar también tiene un calendario festivo muy ligado a sus tradiciones. Algunas celebraciones llevan muchos años formando parte de la vida del pueblo y pueden ser una buena excusa para volver y conocerlo en un ambiente completamente diferente.

Una de las más importantes es la Semana Santa, cuyos orígenes se remontan al siglo XVI. Durante estos días las calles de Jódar se llenan de procesiones, nazarenos, costaleros y bandas de música. Hay momentos especialmente conocidos, como la madrugada del Viernes Santo y algunos de los recorridos por las calles más estrechas y empinadas del casco antiguo. Si nos gusta descubrir los pueblos también a través de sus tradiciones, es una fecha que merece la pena tener en cuenta.

Otra celebración muy ligada a Jódar son las Fiestas de la Cruz de Mayo, que se celebran los días 2 y 3 de mayo en honor al Santísimo Cristo de la Misericordia, patrón de la localidad. Durante esos días las calles se llenan de cruces, flores, arcos y altares, mientras las casetas de las cofradías ponen el ambiente con música, tapas y sevillanas. El día 3 tiene lugar la procesión del Cristo, que recorre buena parte de Jódar.

Y si hay una fiesta que nos parece especialmente interesante para conocer también el entorno natural del pueblo, esa es la Romería de San Isidro, el 15 de mayo. San Isidro sale acompañado por caballos, carrozas y romeros hasta el paraje de Fuente Garcíez, donde se encuentra su ermita. La jornada continúa allí entre música, comida y ambiente festivo, mezclando la tradición religiosa con ese paisaje de olivos que rodea Jódar.

También merece una mención especial el Corpus Christi. Durante la celebración las calles se engalanan con juncia, mastranzos, altares y dibujos realizados con serrín de colores, creando un recorrido bastante diferente al que encontramos cualquier otro día del año. Además, Jódar conserva una custodia del año 1669. Es una de esas fiestas que quizá no tengamos tan presentes cuando pensamos en visitar el pueblo, pero que pueden sorprendernos si coincidimos con ella.

Y llegamos a septiembre, cuando Jódar celebra su Real Feria. Fue concedida por Real Decreto de Isabel II en 1837 y, con el paso de los años, se ha convertido en una de las grandes celebraciones de la localidad. Durante varios días el pueblo se llena de casetas, atracciones, conciertos, verbenas y actividades para todas las edades.

Además, la feria tiene un vínculo especial con algo que ya hemos descubierto durante nuestra visita: la tradición taurina. Los festejos taurinos forman parte de la programación y nos recuerdan que la relación de Jódar con el mundo del toro viene de mucho más atrás, hasta el punto de que ya encontramos referencias a capeas en el pueblo desde el siglo XVII.

Y antes de terminar, hay otra celebración que nos llamó la atención por su carácter más popular: las Lumbres de San Antón, que se celebran en enero. Las calles se llenan de hogueras alimentadas tradicionalmente con restos de la poda del olivar y los vecinos se reúnen alrededor de ellas para comer, cantar y pasar la noche. Una tradición documentada desde hace siglos que todavía conserva ese ambiente de fiesta de barrio que tanto nos gusta encontrar en los pueblos.

Jódar tiene muchas más celebraciones a lo largo del año, pero estas son algunas de las fechas que nosotros tendríamos en cuenta si quisiéramos volver y conocer el pueblo de otra manera.

Porque una cosa es recorrer Jódar cuando sus calles están tranquilas y otra muy diferente encontrarse con ellas llenas de flores, hogueras, música, romeros o procesiones. Y después de todo lo que hemos ido descubriendo durante nuestra visita, sería bonito volver algún día y vivir también esa otra cara de Jódar.

Cómo llegar y dónde aparcar en Jódar

Jódar está en la provincia de Jaén, dentro de Sierra Mágina, y aunque pueda parecer un pueblo algo apartado, llegar hasta allí es bastante sencillo. Nosotros salimos desde Motril y el viaje nos llevó alrededor de dos horas, atravesando primero Granada y después entrando poco a poco en ese paisaje de olivos que tanto nos gusta de Jaén.

Desde Motril, podemos tomar la A-44 en dirección Granada y continuar hacia Iznalloz. Desde allí seguimos por la A-308 hasta enlazar con la A-401, que nos lleva directamente hacia Jódar. Son aproximadamente 160 kilómetros y unas dos horas de carretera, dependiendo del tráfico y del punto exacto desde el que salgamos.

Desde Jaén, el recorrido es bastante más corto. Podemos tomar la A-316 en dirección Mancha Real y, desde allí, continuar por la A-320 hasta enlazar con la A-401, que nos lleva hasta Jódar. Son alrededor de 60 kilómetros y aproximadamente una hora de viaje.

Desde Málaga, la ruta pasa por Antequera y Granada. Tomaremos la A-45 y después la A-92 hasta enlazar con la A-44 en dirección Granada-Jaén. Desde la zona de Iznalloz continuaremos por la A-308 y después por la A-401 hasta Jódar. El recorrido ronda los 220 kilómetros y unas dos horas y media, aunque el tiempo puede variar bastante según el tráfico.

Desde Almería, podemos tomar la A-92 en dirección Guadix y, antes de llegar a Granada, enlazar con la A-308 hacia Iznalloz. Desde allí continuaremos por la A-401 hasta Jódar. En este caso tenemos aproximadamente 190 kilómetros y unas dos horas y cuarto de carretera.

Una vez que llegamos a Jódar, nosotros decidimos dejar el coche prácticamente a la entrada del pueblo, en una zona lateral bastante amplia. Nos vino genial porque desde allí pudimos empezar a caminar y olvidarnos del coche durante toda la visita.

Y la verdad es que recomendamos hacerlo así. Jódar es bastante más grande de lo que uno puede imaginar antes de ir y tiene muchas calles, plazas y rincones que merece la pena ir descubriendo poco a poco.

Nosotros preferimos dejar el coche aparcado y empezar a caminar sin prisas. Así fuimos subiendo hacia el castillo, entrando en las calles de la Villa Vieja, bajando después hacia la Iglesia de la Asunción y terminando nuestro paseo por plazas, fuentes y zonas más abiertas.

Nos despedimos de Jódar

Y llegó el momento de volver a casa.

Después de tantas horas caminando por Jódar, nos tocaba deshacer el camino hasta Motril. Habíamos salido temprano y, aunque el viaje es largo, la verdad es que el día nos había cundido muchísimo.

Jódar nos sorprendió. Quizá porque no íbamos con una idea demasiado clara de lo que nos íbamos a encontrar y, poco a poco, fuimos descubriendo un pueblo mucho más grande y con mucha más historia de la que esperábamos.

Nos gustó esa forma de ir encontrando los sitios mientras caminábamos. El santuario que apareció casi al principio de la visita, las calles de la Villa Vieja, las torres del castillo asomando desde lo alto, las fuentes, la Iglesia de la Asunción, la Plaza de España… y después ese Paseo Primero de Mayo donde simplemente seguimos andando porque nos apetecía ver qué había más allá.

También nos vamos con algunas cosas pendientes. El castillo nos lo encontramos cerrado y nos quedamos con las ganas de conocerlo por dentro. Y después de descubrir todas las posibilidades que hay alrededor de Jódar, también nos apetece volver con las botas puestas y hacer alguna de sus rutas.

Pero eso tampoco está mal. Nos gusta irnos de un sitio pensando que todavía nos queda algo por descubrir. Y Jódar, después de todo lo que nos enseñó en un solo día, nos ha dejado precisamente esa sensación.

Así que ponemos rumbo a casa, con el cansancio de haber caminado bastante y con esa satisfacción que nos llevamos cuando una escapada acaba siendo mucho más interesante de lo que esperábamos.

Nos despedimos de Jódar por ahora. Pero seguro que volveremos.

Nos vemos en los senderos!!!

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